lunes, 20 de septiembre de 2021

Economía Colaborativa y de Plataformas

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Ya en 2017 el director de comunicación de Uber en España, Yuri Fernández, reconocía que sus operaciones no pueden ser catalogadas como economía colaborativa (Del Castillo, 2017). Algo que coincide con el fallo que a finales de ese año tomó el Tribunal de Justicia de la Unión Europea: "El servicio de puesta en contacto con conductores no profesionales prestado por Uber está comprendido en los servicios en el ámbito de los transportes" (El País, 2017), más allá de que se haga a través de nuevo modelo de negocios (García, 2015).

El estudio 'Los modelos colaborativos y bajo demanda en plataformas digitales' de la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital) y el colectivo Sharing España, define qué es y qué no es economía colaborativa en función de aspectos como el papel de las plataformas y el rol de los usuarios dentro de ellas. Así, el análisis propone distinguir entre economía colaborativa, economía bajo demanda y economía de acceso.

La definición más aceptada de Economía Colaborativa es que se trata del intercambio de bienes y servicios entre particulares (peer to peer, P2P), generalmente a través de la tecnología, con o sin ánimo de lucro. Por lo que el rol de Uber como intermediario lo deja afuera de esta conceptualización.

"En la economía bajo demanda se establece entre los usuarios una relación comercial (...) la plataforma actúa de nuevo como intermediaria, pero ahora entre un profesional, que presta el servicio, y un consumidor (B2C)" (Europa Press, 2017).

Las plataformas para compartir viajes y el coworking se consideran parte de la economía de acceso según el trabajo citado, ya que es la empresa la que proporciona el servicio y pone a disposición de un conjunto de usuarios unos bienes para su uso temporal, "adaptándose al tiempo de uso efectivo que requieren dichos usuarios y flexibilizando la localización espacial de los mismos".

Dentro de la economía colaborativa se pueden clasificar “aquellos modelos de producción, consumo o financiación que se basan en la intermediación entre la oferta y la demanda generada en relaciones entre iguales (P2P o B2B) o de particular a profesional a través de plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente”, aseguran la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital) y Sharing España (Fernández, 2017).

Ya en un artículo previo sobre el primero de mayo - día de los trabajadores expresaba que los conductores de Uber son trabajadores, pues lo que tiene para sobrevivir - para obtener su sustento -, es su capacidad de trabajo, y no la propiedad de los medios de producción ni de la tierra, en la definición clásica. Y en tanto trabajadores, son el eslabón más débil de los procesos productivos, por lo que proteger sus derechos es un interés mayor que debe tener la sociedad en su conjunto, y el Estado como su expresión institucionalizada (Budiño, 2016).

Como señala Srnicek (2017) "las plataformas tienen un apetito insaciable y una tendencia al monopolio en su propio ADN", por lo que vale la pregunta de Fresneda (2018) sobre si la economía colaborativa se ha transformado en un capitalismo salvaje de plataformas.

Son plataformas de intermediación que se aprovechan del concepto de economía colaborativa para introducir un libre mercado despiadado y desregulado en ámbitos de nuestras vidas anteriormente protegidos (Slee, 2016).

Por ejemplo Airbnb es "una gran empresa que no se limita, tal como afirma, a poner en contacto a propietarios de viviendas con personas que quieren alquilarlas, mayormente turistas, sino que crea un mercado que no existiría sin su intervención, imponiendo un rígido sistema de relaciones comerciales al que sus usuarios tienen que adaptarse" (Beltran, 2017).

Más allá de estas aclaraciones sobre la economía colaborativa, bajo demanda y de acceso, Adigital y Sharing España (2017) destacan que se caracterizan por la eficiencia de los modelos basados en plataformas, la existencia de efectos de red, la reducción de intermediarios, el uso de tecnología y la innovación para facilitar la inmediatez y la reducción de costes de transacción, con impacto medioambiental positivo, y el empoderamiento del consumidor y usuario. 

En el caso de la economía colaborativa existe un énfasis en el aprovechamiento de una capacidad ociosa, la creación de comunidades y el objetivo de hacer desaparecer la información asimétrica del mercado.

[Imagen de Vladimir Mirkovic con licencia CC]

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jueves, 9 de septiembre de 2021

Introducción al concepto de blockchain

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Para un panel que realizamos desde la Unidad Académica de Costos y Control de Gestión de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, junto al Colegio de Contadores y Economistas del Uruguay, me pidieron hacer una introducción al concepto de Blockchain.

En este panel que compartimos con el profesor Martín Nuñez y las profesoras Carolina Asuaga, Flavia Fernández y Sandra Garín, analizamos los retos que la tecnología blockchain y las criptomonedas significan para la profesión contable.

Para definir qué es una Blockchain, me parece importante entender que representa un cambio significativo en el diseño de los sistemas de información, ya que esta cadena de bloques tiene la particularidad de ser un sistema de registro distribuido de transacciones. 

Desde hace varios siglos, los sistemas de registro (como el modelo de contabilidad de partida doble) han concentrado esfuerzos en brindar información segura e inmutable a sus usuarios, para lo cual se implementaron mecanismos centralizados que aseguraran la confianza esperada.

La contabilidad en libros auxiliares y los sistemas informáticos, permitieron incorporar modelos descentralizados, pero manteniendo en ciertos nodos de la red la interacción que asegurara los niveles de seguridad requeridos.

Pero el verdadero desafío se planteaba en encontrar una tecnología de libros distribuidos (DLT) que permitiera una redistribución del poder y nuevos mecanismos de generación de confianza, basados en los modelos de intercambio entre pares (P2P, peer to peer) asociado a internet.

Aquí es donde el concepto de cadenas de bloques, conocido como tecnología blockchain, permite un salto significativo en la forma de construir confianza en sistemas de información, completamente distribuidos, donde no hay nodos que concentren el poder de validación de las transacciones.

Pero cómo nos aseguramos que la información sea confiable si no hay una entidad única, emisora de la información.

En este punto juegan un rol importante los algoritmos, los hash, los bloques y los mecanismos de consenso, que intentaré explicar de manera simplificada a continuación.

En una blockchain vamos a almacenar información (transacciones), que al circular en una red distribuida, requiere un mecanismo eficiente de control para asegurar que no existan alteraciones en el contenido de los datos, para lo cual se utilizará un hash.

Ese hash es el resultado de una función (algoritmo) que para un conjunto de datos de entrada (y con independencia del tamaño de esos datos) devuelve un número de longitud fija.

Así que como la función utilizada en cada blockchain es conocida, almacenaremos en un bloque las transacciones junto al hash generado. Cualquier cambio en las transacciones implicará que el algoritmo devuelva un hash diferente al que está en el bloque, y esto es algo que cualquier nodo de la red distribuida puede verificar.

Como se trata de una cadena de bloques, al primer bloque, lo identificaremos con un hash adicional que contiene exclusivamente ceros (genesis). Pero en los sucesivos bloques, vamos a incorporar el hash del bloque anterior.

Así cada bloque tendrá dos hash: uno propio que asegura que los contenidos no puedan ser modificados, y otro que corresponde al hash del bloque anterior que asegura que no falten bloques ni se altere el orden de la cadena.

De esta manera las transacciones se agrupan en bloques y se encadenan en una blockchain. Pero para que un registro distribuido funcione, se necesita un mecanismo de consenso que asegure determinar una única verdad.

Si hay un número importante de nodos en la red distribuida, el acuerdo permitirá determinar qué cadenas son válidas para la red.

En consecuencia las cadenas de bloques brindan seguridad (las copias están almacenadas en muchos nodos), inmutabilidad (garantizada por los hash), confianza indiferente (ya que no importa quién sea cada nodo) y descentralización (en su mayor expresión, pues es un sistema distribuido que funciona por mecanismos de consenso).

Esta nueva forma de gestionar sistemas de información, nos permite desarrollar libros contables distribuidos, y nos obliga pensar en nuevos roles para las y los profesionales en contabilidad, que en los sistemas centralizados sumábamos confianza, ahora disponible a través de mecanismos totalmente diferentes.

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