domingo, 11 de diciembre de 2011

Historias mínimas II

En el artículo anterior contaba que me decidí por las historias mínimas, por aquellas pequeñas cosas que hacen de un viaje un momento único y que van mas allá de los grandes monumentos y las obviedades que se incluyen en los citytours.

Siempre he preferido ser un turista a pie, caminando las ciudades con un mapa y poca información, preguntándole a la gente local por un buen lugar para comer, o metiéndome en el primer bar que encuentro a charlar con los mozos a media lengua, y utilizar el lenguaje de los gestos (y las palabras básicas: hola/gracias) que siempre funciona.

A unos minutos de la pequeña Waldfischbach donde estoy alojado, está la ciudad de Pirmasens con algo más de 40.000 habitantes y el ritmo pausado de los alemanes que saben disfrutar el espíritu navideño a pesar del frío.

En la plaza central alcanzan unos pocos puestos callejeros para que la gente se junte a tomar vino caliente (glühwein con azúcar, canela y otras especias) y comer salchichas y carne de cerdo asada al calor del carbón, bien condimentadas para subir la temperatura corporal.

Allí también está el restaurante Kuchems Brauhaus que elabora su propia cerveza: Hell (clara), Dunkel (negra) y Hefeweizen (trigo). Obviamente no perdí la oportunidad de probarlas todas.

Unos kilómetros más al este, en Landau, la fiesta de risas y charlas nocturnas entre amigos se concentra en la Marktplatz - toda decorada para Navidad y dónde el gran protagonista es el glühwein, que sigue sin gustarme pero es una gran ayuda para el frío.

Peatonales de adoquines, parques de hojas blancas por el frío, lagos cuya calma solo es perturbada por algún pato con ganas de volar, vidrios congelados de los autos de marcas nacionales, órganos sonando en iglesias destruidas y reconstruidas siglo tras siglo: Deutschland im Winter.


[Foto: Vaso de Glühwein en Pirmasens, GB (cc). Más fotos aquí]
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