martes, 30 de diciembre de 2025

Desafíos para el 2026: Impactos de la IA

El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial plantea desafíos profundos que abarcan desde la economía y la política hasta la esencia misma de lo que significa ser humano. Basado en las fuentes que se detallan al final de este artículo, presento a continuación un resumen de los principales retos identificados de cara al inicio de un nuevo año:

1. Desigualdad económica y desempleo masivo

El senador norteamericano Bernie Sanders advierte que la automatización podría reemplazar cerca de 100 millones de empleos en Estados Unidos en la próxima década, afectando profesiones que van desde enfermeros hasta contadores.

Geoffrey Hinton - considerado uno de los "padres" de la inteligencia artificial (IA) sostiene que, en un sistema capitalista, la IA permitirá que los dueños de la tecnología se enriquezcan mientras eliminan puestos de trabajo sin crear otros nuevos, lo que generará un desempleo masivo.

La periodista Karen Hao que ha seguido el tema desde sus inicios destaca que este avance se apoya en una explotación laboral de trabajadores en países como Kenia o Colombia, quienes realizan tareas traumáticas de moderación de contenido por salarios ínfimos.

2. Erosión de la democracia y resurgimiento del autoritarismo

Sanders cuestiona si es aceptable que un puñado de oligarcas multimillonarios moldeen el futuro de la humanidad sin ningún control democrático o supervisión gubernamental.

Hinton alerta sobre el resurgimiento del fascismo, ya que la brecha entre ricos y pobres es el caldo de cultivo ideal para el populismo de derecha. Además, menciona que los algoritmos de redes sociales hiperpolarizan a la sociedad al mostrar contenido que genera indignación.

Hao define a las grandes empresas de IA como "nuevos imperios" que han consolidado más poder que cualquier Estado-nación y operan bajo una lógica depredadora.

3. Impacto ambiental y crisis de recursos

Karen Hao detalla cómo los centros de datos están provocando una crisis de agua dulce en comunidades como las de Uruguay y Chile, además de aumentar la contaminación del aire.

Sanders menciona que un solo centro de datos puede consumir la misma electricidad que más de un millón de hogares, lo que compromete los objetivos de energía renovable.

4. Riesgo existencial y pérdida de control

Hinton señala que existe cierta probabilidad de que la IA aniquile a la humanidad al volverse más inteligente que nosotros en un periodo de entre 5 y 20 años. Explica que las IA podrían desarrollar subobjetivos propios, como sobrevivir o tomar el control, para cumplir sus tareas asignadas.

Hao critica que las empresas prioricen la prevención de un apocalipsis lejano sobre la seguridad actual (ambiental, social y de salud) debido a una mentalidad cuasi-religiosa dentro de Silicon Valley.

5. Transformación social y cognitiva

Sanders se muestra preocupado por el impacto emocional en los jóvenes que forman amistades con IA, aislándose de las relaciones humanas reales.

Hao advierte sobre la atrofia del pensamiento crítico en adultos y niños que se vuelven dependientes de estas herramientas, perdiendo la capacidad de razonar de forma independiente.

Desarrollar una IA superinteligente es como criar un cachorro de tigre. Al principio es una mascota adorable y útil, pero crece tan rápido que, si no nos aseguramos de imbuirle un "instinto maternal" o protector hacia nosotros mientras aún tenemos el control, como señala Hinton, eventualmente se volverá más fuerte que su dueño y podría destruirlo sin necesidad de malicia, simplemente por los subobjetivos implícitos de supervivencia y control.

[Este artículo y el video fueron elaborados con asistencia de Notebook LM en base a las declaraciones del senador norteamericano Bernie Sanders y las entrevistas de Gustavo Entrala al experto investigador Geoffrey Hinton y a la priodista Karen Hao]

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sábado, 13 de diciembre de 2025

De Pacioli a las plataformas: ¿alcanza la contabilidad para entender el futuro?

Más allá de la imagen romántica del fraile matemático en la soledad de su estudio, la formalización de la contabilidad por parte de Fray Luca Pacioli no fue un acto de invención aislada, sino de recopilación de la sabiduría práctica de su tiempo. Los registros contables no nacieron para contar botellas en una bodega, sino para poner orden en el caos del comercio renacentista. Fueron la respuesta lógica a una Venecia que, al conectar mercados, personas y riesgos de todo el mundo, necesitaba un sistema robusto para dar seguimiento al crédito y validar la confianza entre comerciantes.

Tras su evolución la contabilidad fue un instrumento clave para generar confianza, transparencia y auditabilidad en las transacciones económicas. Registrar para pagar impuestos, registrar para informar a otras personas, registrar para dejar evidencia. Siempre con una lógica clara: dar cuenta del pasado.

Con la Revolución Industrial, los desafíos crecieron en escala y complejidad, y la contabilidad volvió a adaptarse. Ya no alcanzaba con documentar transacciones; era necesario determinar costos, evaluar procesos, medir eficiencia y apoyar decisiones en contextos productivos cada vez más desafiantes. Una vez más, la disciplina respondió a las necesidades de su época.

En economías cada vez más globalizadas, la contabilidad consolidó su rol como lenguaje de los negocios: facilitó la inversión, permitió comparar resultados, ayudó a medir rentabilidad y a proteger activos. Durante décadas, inversores, gobiernos y otros usuarios miraron la información histórica con la expectativa —implícita o explícita— de que el futuro sería una repetición razonable del pasado.

La contabilidad moderna, bajo estándares internacionales como las NIIF, ha dejado de ser una simple acumulación de costos históricos para incorporar mecanismos que traen el futuro al presente. Hoy, la valuación de una empresa se nutre de conceptos como el Valor Razonable, que captura las expectativas del mercado, o el análisis de Deterioro de Activos (Impairment), que exige proyectar si los flujos de fondos venideros justificarán las inversiones actuales. Del mismo modo, registrar provisiones o reconocer activos por impuestos diferidos implica estimar desembolsos o beneficios fiscales que ocurrirán mañana. Así, los estados financieros han evolucionado silenciosamente: ya no son solo una foto estática de lo que ocurrió, sino una construcción compleja que, mediante estimaciones financieras, intenta anticipar la realidad económica que vendrá.

Hoy vivimos en entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos (VUCA), donde proyectar el futuro únicamente a partir de información histórica resulta, en la mayoría de los casos, insuficiente o directamente engañoso. La contabilidad sigue siendo el enfoque predominante para reportar hechos pasados, pero por sí sola no ofrece todos los elementos necesarios para anticipar lo que viene.

A esto se suma un cambio profundo en las expectativas de los usuarios de la información. Ya no alcanza con reportar resultados financieros y se desarrolla una mirada de triple impacto, donde la sostenibilidad, lo social y lo ambiental forman parte de la evaluación del desempeño organizacional. El concepto de “éxito” empresarial se volvió más amplio y más exigente.

Pero hay un elemento adicional que merece atención: los nuevos modelos de negocio.

La economía digital —y en particular la economía de plataformas y los modelos de suscripción— plantea desafíos que tensionan los límites tradicionales de la contabilidad. En este tipo de organizaciones, el verdadero valor no está tanto en los activos registrados ni en los resultados pasados, sino en la capacidad real de generar ingresos en el futuro.

En un modelo de suscripción, por ejemplo, entender el negocio requiere mirar variables como el volumen de suscripciones activas al inicio de cada período, las tasas de abandono (churn), la capacidad de retención y la propuesta de valor ofrecida a los usuarios. Son indicadores que hablan más del futuro probable que del pasado ya realizado.

Autores especializados en la economía de suscripciones, como Tien Tzuo en Subscribed, proponen analizar las organizaciones desde su capacidad de generar ingresos en el próximo ejercicio, estimar pérdidas potenciales y evaluar cómo se reinvierten los fondos: si se distribuyen beneficios, si se destinan a retener clientes a través de la mejora del servicio o si se utilizan para crear nuevo valor para los suscriptores.

Frente a este panorama, surge una pregunta inevitable: ¿cumplió la contabilidad su ciclo como sistema de información central de las organizaciones? Probablemente no. Pero sí es evidente que ya no alcanza por sí sola.

Las organizaciones actuales necesitan sistemas de información cada vez más integrados, que combinen datos financieros y no financieros, pasado y futuro, control y estrategia. En ese contexto, la contabilidad sigue teniendo mucho para aportar, siempre que sea gestionada por profesionales capaces de interpretarla, complementarla y traducirla en valor para la toma de decisiones.

Luca Pacioli jamás imaginó la permanencia ni la relevancia que tendría su sistema siglos después. Pero tampoco imaginó plataformas digitales, modelos de suscripción, métricas de sostenibilidad ni inteligencia artificial. El desafío actual de la profesión contable no es defender el pasado, sino aprovechar su enorme potencial, incorporando nuevas miradas, nuevos enfoques y nuevas formas de presentar la información según las necesidades reales de los usuarios.

La contabilidad no está terminada. Está, una vez más, en transformación. Y como tantas otras veces en la historia, el verdadero desafío no es técnico, sino profesional.

[Imagen generada en AIStudio con NanoBanana gemini-2.5-flash-image]

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lunes, 17 de noviembre de 2025

La contabilidad estratégica en tiempos de automatización e inteligencia artificial

Escribo estas líneas aprovechando la invitación que me realizaron desde la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) para participar como conferencista en un congreso de la profesión contable. Lima es una ciudad vibrante, con una mezcla única de historia, hospitalidad y una oferta gastronómica irresistible. Pero más allá del evento académico en sí, lo que realmente nutre estas experiencias es el intercambio humano: las conversaciones con colegas, las miradas compartidas sobre los desafíos de nuestra profesión y el entusiasmo por construir futuro. 


En los últimos años, vivimos una aceleración tecnológica sin precedentes. La inteligencia artificial (IA), la automatización y los modelos avanzados de procesamiento de datos dejaron de ser tendencias para convertirse en parte del día a día profesional. En este contexto, la contabilidad —tradicionalmente asociada a procesos transaccionales y normativos— enfrenta un punto de inflexión.

Durante el Fórum NIIF Lima 2025, tuve la oportunidad de reflexionar sobre estos desafíos en la conferencia “La contabilidad estratégica en tiempos de automatización e inteligencia artificial”. La premisa central fue simple pero provocadora: no estamos ante el fin del trabajo contable, sino ante la reconfiguración de su sentido y su aporte estratégico.

Cuando la tecnología automatiza tareas, cambia la naturaleza del trabajo.

Investigaciones clásicas en economía del trabajo ya anticipaban que no era el empleo en sí el que iba a desaparecer, sino las tareas que lo componen (Acemoglu & Autor, 2011; Arntz et al., 2016). Estudios posteriores afinaron la discusión al analizar la probabilidad de automatización según la estructura ocupacional (Frey & Osborne, 2017) y la distribución de habilidades en los mercados laborales (Górka et al., 2017).

En contabilidad, esto es visible: tareas repetitivas y basadas en reglas —registro contable, conciliaciones, controles básicos, revisión documental estándar— ya pueden ser realizadas por sistemas inteligentes. Pero no todo el trabajo contable es susceptible de automatización. Lo que está en juego es la redistribución del tiempo profesional: menos carga operativa, mayor foco en análisis, interpretación, comunicación y toma de decisiones.

Para pensar la transformación digital de la profesión, utilizo el marco conceptual propuesto por Latham & Humberd (2018), quienes clasifican los cambios laborales en cuatro categorías:

  • Desplazados: procesos antes humanos que ahora son totalmente automatizados.
  • Interrumpidos: tareas automatizables solo parcialmente, que requieren supervisión o intervención.
  • Deconstruidos: funciones desagregadas en microtareas, algunas automatizables y otras no.
  • Duraderos: actividades donde la intervención humana sigue siendo central, especialmente en entornos de incertidumbre, juicio profesional y ética.

Aplicado a la contabilidad, permite pasar del debate generalista (¿la IA eliminará contadores?) a un análisis granular: ¿qué parte de nuestro trabajo aporta valor humano irremplazable y cuál necesitamos rediseñar?

Del “hacer” al “preguntar”: nueva agenda de valor.

Si el profesional contable deja de ser “quien procesa” para convertirse en “quien interpreta y explica”, entonces la pregunta clave es: ¿estamos preparados para asumir ese rol?

La IA puede multiplicar capacidad, velocidad y calidad, pero sólo si la acompañamos con dominio conceptual y técnico, pensamiento crítico, habilidades comunicacionales, criterio ético y comprensión del negocio.

En otras palabras, no alcanza con saber usar herramientas: necesitamos redefinir nuestras competencias y fortalecer nuestra identidad profesional.

Así como la automatización exige nuevas habilidades, también libera tiempo y energía para que contadores y contadoras se enfoquen en su rol estratégico: contribuir activamente a la creación de valor organizacional.

Esto implica repensar los planes de estudio universitarios y la formación continua, profundizar el vínculo entre contabilidad, datos y estrategia, incorporar capacidades tecnológicas sin perder el foco en el juicio profesional y entender la ética como un activo, no como un apéndice regulatorio.

No se trata de “sobrevivir” a la IA, sino de co-evolucionar con ella.

La discusión sobre el futuro del trabajo contable no es tecnológica, sino estratégica. La automatización no reemplaza a la profesión; la obliga a elevarse. Nos invita —y en cierto modo nos exige— pasar del procesamiento al pensamiento, de la tarea al propósito. Como decía un colega argentino: "dejar de lado lo operativo te hace mas pensativo".

En el Fórum NIIF Lima 2025 intenté dejarlo claro: el desafío no es que la IA haga más, sino que nosotros hagamos mejor. Y eso requiere hacernos, hoy, las preguntas correctas.

Las y los profesionales contables tenemos tarea.

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lunes, 13 de octubre de 2025

Santa Fe un destino que no estaba en mis planes

Nunca pensé que terminaría viajando dos veces a Santa Fe en el mismo año. No era un destino que tuviera en el radar, ni por trabajo ni por turismo. Pero las cosas se fueron dando así, y como suele pasar con los lugares a los que uno llega sin demasiadas expectativas, terminé sorprendido.

La primera visita fue en junio, invitado como conferencista al Foro Argentino de Contabilidad. Un encuentro con colegas de distintas provincias, organizado con un nivel de detalle que se agradece. Mi charla fue sobre el impacto de la tecnología en la profesión contable, y me encontré con un público muy interesado, con ganas de discutir y compartir experiencias. Esa energía de comunidad profesional, que a veces cuesta sostener en la rutina, estuvo muy presente.

Además del foro, me quedó la sensación de una ciudad amable, ordenada y con ese aire tranquilo de las capitales de interior. Me quedé un dias más para tener el tiempo necesario y caminar un poco, pero ya sabía que iba a volver.

Caminé por el centro, por la costanera, y me detuve a mirar los edificios antiguos que conviven con construcciones más modernas. Santa Fe tiene algo de ciudad que se deja descubrir despacio, sin apuro.

También aproveché para conocer un poco de su historia. Fundada en 1573, fue una de las primeras ciudades del Río de la Plata. Su ubicación junto al río Paraná marcó su desarrollo, con un fuerte vínculo entre puerto, comercio y vida social. Hay rincones que conservan ese espíritu: la costanera con sus vistas abiertas, las plazas amplias, las iglesias coloniales, rincones donde el tiempo parece ir más lento.

Tres meses después estaba otra vez en Santa Fe, esta vez para participar en las XIX Jornadas de Docentes Universitarios de Sistemas y Tecnologías de la Información (DUTI 2025). Un evento con un perfil distinto, más cercano a mis intereses, pero con la misma calidez en la organización (a cargo de colegas de la Universidad Nacional del Litoral) y en los intercambios. Volví a cruzarme con varios colegas de Argentina que había conocido en la edición del año pasado en Tandil, y aparecieron nuevas ideas y desafíos sobre la enseñanza de sistemas y nuevas tecnologías en carreras de ciencias económicas.

Aprovechamos también para hacer un recorrido por la Cervecería Santa Fe, la planta que produce dos de las marcas más tradicionales de la región (Santa Fe y Schneider), pero también internacionales como Heineken por ser del grupo CCU. La escala industrial impresiona, pero lo más llamativo es el “cervezoducto” que conecta la planta con el Patio Cervecero, donde se puede degustar el tradicional "liso" santafesino directamente del tanque al vaso. Un concepto que une industria, tradición y experiencia de consumo, todo en el mismo lugar.

Después del recorrido pasé por Palo y Hueso y por Okcidenta, dos cervecerías artesanales que muestran otra cara de la ciudad: emprendedora, creativa, con foco en el producto y en la comunidad que se arma alrededor. Probé varis IPAs locales que estaban excelentes y charlé un rato largo sobre cómo se mueve el sector. Da gusto ver proyectos que combinan oficio, innovación y pasión por lo que hacen.

Santa Fe apareció en mi agenda casi por accidente, y terminó siendo un destino muy interesante. A veces los viajes de trabajo tienen esa virtud: te llevan a lugares que no habías elegido, pero que terminan dejándote mucho más de lo que esperabas.

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miércoles, 20 de agosto de 2025

Inteligencia Artificial y Automatización: transformando las empresas

Este artículo resume y amplía los ejes de mi presentación en el webinar “Promoviendo la Profesionalización Digital”, organizado por la Cámara de la Economía Digital del Uruguay (CEDU). La idea fue compartir la evidencia recogida en investigaciones académicas, reflexionar sobre sus implicancias prácticas y discutir, en conjunto, cómo estas transformaciones inciden en la economía digital de Uruguay.


La automatización de procesos es una tendencia estudiada desde hace más de una década: ¿qué tareas humanas pueden ser reemplazadas por máquinas y algoritmos? Investigaciones como las de la OCDE o las de Frey y Osborne muestran que no todas las tareas son igualmente vulnerables.

Al discutir el futuro del trabajo, es común escuchar predicciones apocalípticas sobre puestos que desaparecerán. Sin embargo, la evidencia académica sugiere que el debate debe moverse del nivel de “puestos de trabajo” al nivel de tareas. No se trata tanto de que desaparezcan empleos o profesiones completas, sino de que ciertas tareas se automatizan, otras se transforman y muchas permanecen esencialmente humanas.

Un marco de análisis interesante (Latham & Humberd, 2018) clasifica las tareas en cuatro categorías:

  • Desplazadas: cuando la máquina asume completamente la actividad.
  • Interrumpidas: cuando la tarea se reduce o se suspende temporalmente.
  • Deconstruidas: cuando se fragmenta en partes que se redistribuyen entre personas y algoritmos.
  • Duraderas: aquellas que siguen siendo humanas por su componente de creatividad, juicio o interacción social.

Este enfoque permite un análisis más fino de cómo la IA impacta en el mundo laboral.

La adopción de estas tecnologías no está exenta de desafíos. Entre los principales se destacan la opacidad algorítmica —muchos modelos funcionan como “cajas negras” difíciles de explicar— y los sesgos en los datos, que tienden a reproducir inequidades. A esto se suma el impacto en derechos y roles, ya que los trabajadores desplazados no siempre cuentan con redes de contención que faciliten su adaptación.

Frente a estos riesgos, distintos autores han planteado que el verdadero valor de la IA no está en reemplazar a las personas, sino en potenciar sus capacidades. David Autor sugiere que la tecnología debe complementar el juicio humano. David Alayón recuerda que puede liberar tiempo para la creatividad, la empatía y la estrategia. Y Daron Acemoglu insiste en que la IA no solo aumenta la productividad del trabajador, sino que también puede generar nuevas tareas y empleos que antes no existían.

El mensaje final de la presentación fue que la IA puede multiplicar la capacidad de los equipos, la velocidad de las tareas y la calidad de las entregas. La clave está en cómo la implementamos: no como un sustituto, sino como un socio tecnológico que amplifica el talento humano.

La economía digital en Uruguay tiene ante sí una gran oportunidad. La IA y la automatización no deben pensarse como amenazas inevitables, sino como herramientas que, si se diseñan e implementan con criterio ético y visión organizacional, pueden fortalecer la competitividad de las empresas y abrir espacios de trabajo más ricos en creatividad, juicio y relación humana.

En el contexto uruguayo —con talento calificado, un ecosistema digital dinámico y una cultura de adopción pragmática— tenemos la oportunidad de construir organizaciones más rápidas, precisas y humanas. Identificar tareas, rediseñar procesos, medir impactos y fortalecer equipos son los pasos que transforman las promesas de la IA en resultados tangibles para las organizaciones.

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jueves, 7 de agosto de 2025

Inteligencia Artificial sin miedo: cómo entenderla, usarla y cuestionarla

En una entrevista conducida por Cacho Mariño en El lugar 99.1 FM de San José, abordamos los desafíos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial (IA) desde una mirada accesible y crítica. Más allá de los aspectos técnicos, lo esencial es comprender cómo estas herramientas están impactando en la vida cotidiana, en las organizaciones y en la práctica profesional. Aunque la IA no es una novedad —su desarrollo lleva décadas—, ha ganado visibilidad en los últimos años gracias a tecnologías como ChatGPT. Su funcionamiento se basa en el reconocimiento de patrones a partir de grandes volúmenes de datos, de forma similar a como aprenden los seres humanos. Esto conlleva tanto beneficios como riesgos, entre ellos la reproducción de sesgos presentes en los datos con los que fue entrenada.

Es fundamental adoptar una actitud de aprendizaje constante y de cuestionamiento activo ante estas herramientas, no solo para prevenir errores, sino también para promover un uso ético y responsable. En cuanto a su impacto en el empleo —especialmente en tareas repetitivas o de bajo valor agregado—, urge que las políticas públicas incorporen estos temas en el debate sobre el futuro del trabajo y la sostenibilidad de los sistemas de protección social. Nadie debería quedar al margen de esta transformación tecnológica. Si se gestiona con inteligencia y sensibilidad, la IA podría ayudarnos a liberar tiempo para lo verdaderamente valioso: disfrutar más de la vida, y no quedar atrapados en nuevas formas de desigualdad o control.

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jueves, 31 de julio de 2025

IA Podcast: Impacto Social de la IA - Desafíos y Oportunidades

Este nuevo capítulo del podcast en español, es el resultado de preguntar a ChatGPT ¿cuáles pueden ser los posibles impactos de la Inteligencia Artificial en la sociedad? en una investigación en profundidad, donde el promt establecía que debía responder utilizando los contenidos que están disponibles en los artículos de mi blog: DTodo1Poco https://www.detodounpoco.com.uy/. En esta compilación se recorren temas como privacidad, toma de decisones, creatividad, mercado laboral, concentración de poder, desinformación, transparencia, oportunidades y formación. En base a esa respuesta y sin mas, se solicitó a NotebookLM crear este episodio del podcast.

Creado con inteligencia artificial utiliznado NotebookLM de Google.

Artículos originales utilizados:

  • https://www.detodounpoco.com.uy/2025/03/desafios-eticos-en-la-era-de-la.html
  • https://www.detodounpoco.com.uy/2025/07/inteligencia-artificial-en-la-actividad.html
  • https://www.detodounpoco.com.uy/2024/10/etica-en-la-era-de-la-inteligencia.html
  • https://www.detodounpoco.com.uy/2024/10/inteligencia-artificial-en-consultoria.html

[Escuchar el podcast aquí]

jueves, 24 de julio de 2025

Inteligencia Artificial en la actividad profesional

A continuación la guía de la conferencia que compartí con la profesora Isabel Rodriguez en el marco del webinar "Ética en la actividad empresarial" organizado por la Unidad Académica Jurídica de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (UdelaR) realizado el pasado 23 de julio de 2025.

La IA ya no es una tecnología del futuro, es una realidad presente que redefine cómo trabajamos, especialmente en campos como la contabilidad y la administración. Su impacto es innegable y su uso, inevitable.

Hoy exploraremos los desafíos y oportunidades que la IA presenta, enfocándonos en cómo entenderla y abordarla desde una perspectiva ética.

Tradicionalmente, nuestras decisiones se basan en intuición, valores, experiencias y prejuicios. En las empresas, agregamos reglas, transparencia y procesos auditables.

Curiosamente, las IA toman decisiones de manera más parecida a los humanos de lo que creemos. Sus procesos son complejos y no siempre transparentes.

Pensemos en una IA evaluando riesgos crediticios: procesa vastos datos, pero la lógica interna puede ser opaca.

El verdadero quid de la cuestión radica en cómo se entrenan estas IA. Sus decisiones reflejan la experiencia, los valores y, crucialmente, los prejuicios presentes en los datos con los que fueron alimentadas.

¿Cómo impacta esto en la equidad y objetividad de sus decisiones?

No se basan en reglas explícitas, lo que dificulta entender el 'porqué' de sus resultados. Aquí, la transparencia de los algoritmos es fundamental.

Uno de los primeros desafíos es la privacidad. El reconocimiento facial o la personalización de la experiencia del cliente, si bien útiles, plantean serias dudas sobre el consentimiento explícito y hasta qué punto deseamos ser rastreados.

¿Estamos informando adecuadamente a nuestros clientes y empleados sobre cómo se usan sus datos?

Estamos delegando decisiones críticas a la IA: aprobaciones de préstamos, selección de personal, incluso diagnósticos médicos. La IA puede procesar datos objetivamente, pero carece de contexto humano y moral. ¿Hasta dónde es aceptable esta delegación? ¿Quién es responsable si la IA comete un error?

Con la IA generando textos, arte, música, surge la pregunta: ¿es realmente nuevo o una reconstrucción? Esto nos obliga a replantearnos la autoría y los derechos de propiedad intelectual en la era digital.

Si una IA nos ayuda a redactar, ¿es nuestra expresión? ¿Es una forma de plagio? ¿Deberíamos revelar cuándo hemos usado asistencia de IA?

Finalmente, la IA puede desplazar empleos y aumentar la desigualdad económica. ¿Cómo aseguramos que esta tecnología contribuya al bienestar general y no exacerbe las brechas existentes?

El primer paso es entender cómo funcionan las IA. No podemos gestionar lo que no comprendemos.

El segundo paso es aprender a utilizar estas herramientas de manera ética, integrando principios de responsabilidad, equidad y transparencia en cada decisión.

El tercer paso y fundamental es revisar y evaluar constantemente nuestras prácticas. La IA evoluciona rápidamente, y nuestra ética también debe hacerlo.

El uso de la IA en la toma de decisiones es inevitable, pero la ética debe ser nuestro faro. Es la base para una IA confiable y beneficiosa para todos.

En resumen, la IA nos presenta retos significativos en ética, desde la privacidad hasta la responsabilidad y el impacto social. Pero también nos ofrece una oportunidad única para repensar nuestras prácticas profesionales.

Desarrollemos un enfoque crítico y ético en el uso de la IA. No se trata de temer a la tecnología, sino de dominarla con sabiduría y responsabilidad.

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viernes, 18 de julio de 2025

USA Norte a Sur: (4) Nueva Orleans, destino y punto de inflexión


Llegar a Nueva Orleans fue como cruzar una frontera invisible. Algo cambia en el aire, en el ritmo, en los colores. Todo es más húmedo, más ruidoso, más desordenado. Más vivo. Desde Baton Rouge podríamos haber ido directo, pero preferimos desviarnos por el sur: Atchafalaya, Lake Fausse Pointe State Park, Chitimicha, Lake End Park, Sunshine Bridge y Sorrento. Caminos entre pantanos y plantaciones. Antes ya habíamos parado en Rosedown Plantation (Francisville) y las mansiones Rosalie y Longwood en Natchez que son la imagen más reconocible del viejo sur: columnas blancas, robles inmensos, la historia pesada que se siente aunque no se nombre.

Pero todo eso fue antes de entrar a Nueva Orleans. Acá ya no hay medias tintas. En cuanto empezamos a recorrer sus calles ya estábamos del otro lado. La ciudad no se visita, se experimenta. En el Barrio Francés todo parece escenario: Jackson Square, la catedral de St. Louis, los músicos callejeros, los balcones de hierro forjado. Después nos perdimos entre los bares de Bourbon Street. Algunos nos parecieron un delirio, otros irresistibles.

Comí una Muffuletta en Central Grocery, que fue como morder una enciclopedia siciliana, y nos tomamos el tranvía para recorrer el Garden District, todo sombra y mansiones elegantes. Las cervezas fueron en el bar Bulldog, pero la noche cerró con jazz en el Café Beignet del Musical Legends Park, y el aire cargado de trompetas y voces rasposas.

El segundo día inició con un recorrido en barco a vapor por el Misisipi (Steamboat Natchez) y luego visitar el Louis Armstrong Park, donde Congo Square vibra todavía con la energía de lo que alguna vez fue: un especio de música, baile y ceremonias de los esclavos africanos.

Probar un Po’ Boy, caminar sin rumbo, comer nueces pecanas, dejarse llevar. Nueva Orleans no es una ciudad para marcar en un mapa. Es un estado de ánimo.

Después de casi dos semanas en la ruta, el regreso se sintió raro. Pero volver con esta música en la cabeza —y una larga historia en el cuerpo— es lo mejor que uno se puede llevar de este recorrido por los estados de Illinois, Missouri, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Mississippi y Louisiana.

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miércoles, 16 de julio de 2025

USA Norte a Sur: (3) Mississippi profundo


Dejar Memphis fue como cambiar de frecuencia. La ciudad había sido intensa, llena de historias grandes. Pero al salir por la Ruta 61, el ritmo bajó. El paisaje se volvió más plano, más rural. La música seguía sonando, pero más lejos, más suave.

En Túnica asamos por el centro de visitantes y el Gateway to the Blues Museum, una joya en la ruta apenas afuera de Memphis, y después nos desviamos un rato para localizar The Hollywood Café, un clásico del Delta que aparece en la letra de Walking in Memphis (no confundir con el bar donde entró Míriam en la canción de Los Terapeutas). La ruta atraviesa campos infinitos y pueblos donde el tiempo parece haberse detenido. En el cruce de caminos de la 61 y la 49, en Clarksdale, dicen que Robert Johnson vendió su alma al diablo para tocar el blues como jamás nadie lo había hecho. No es el único lugar que se adjudica el mito —Rosedale también lo reclama y por ahí estuvimos — pero en esta esquina hay guitarras colgadas en el aire con el típico marketing de leyenda que no necesita mucha explicación.

Clarksdale es mínima, polvorienta, solitaria, abandonada: pura atmósfera. Fui hasta el Ground Zero Blues Club, pero me quedé con las ganas de pedir tomates verdes fritos y tamales, estaba cerrado. Cruzamos a otro de los bares que tienen música en vivo al caer la tarde. Al igual que otros como el Red's Lounge, los bares abren cuando le parece, y eso también es parte del encanto. 

La ciudad vive en clave de blues y a su ritmo. El Delta Blues Museum mezcla historia, guitarras y polvo. Cerca está la Cutrer Mansion, donde Tennessee Williams encontró inspiración para Un tranvía llamado deseo. Al salir, pasamos por Hopson Commissary y Shack Up Inn, dos lugares detenidos en otra época. Uno podría quedarse ahí, con una cerveza, escuchando cómo el sur cuenta sus historias sin apuro.

La ruta hacia Vicksburg fue larga, pero con paradas que arman su propio relato. Encontramos las calles polvorientas donde se grabó la versión cinematrográfica del cruce de caminos entre chacras rurales y mosquitos. En Leland, con su pequeño museo de vida salvaje y otro dedicado al blues de la Highway 61. Seguimos por Yazoo City, cruzamos Bentonia para ver el mítico Blue Front Café, y llegamos a Vicksburg al atardecer, con el Mississippi como telón de fondo.

Vicksburg tiene otra energía. No es el sur musical, sino el sur de los fantasmas de la Guerra Civil. Visitamos el National Military Park, donde las colinas suaves esconden trincheras, cañones y placas. En el centro, el Old Courthouse y el Depot Museum ofrecen una historia más doméstica, más cotidiana, que incluye los desafíos de las inundaciones en el Mississipi.

Comimos pescados de río en DL y subimos al 10 South Rooftop Bar esperando ver un rojo atardecer, pero la lluvia fue la estética reinante.

A la mañana siguiente volvimos a la ruta. Paramos en The Tomato Place, que parece más un mercado improvisado que un restaurante. En Natchez, nos esperaban mansiones, tamales y balcones al río. Fat Mama's es una parada inevitable, al igual que el puente que cruza hacia Louisiana. Me despedí (por ahora) de Mississippi, y ya del otro lado, Baton Rouge nos recibió con su Capitolio desproporcionado, como un rascacielos plantado en la llanura.

Este tramo del viaje fue menos turístico, pero más revelador. Todo está más disperso, más callado. Pero si uno se detiene lo suficiente, el sur empieza a hablar. A veces con música, a veces con silencio.

[Siguiente]

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viernes, 11 de julio de 2025

USA Norte a Sur: (2) Cruzando el corazón del país


Después de varios días caminando por Chicago, era hora de cambiar el ritmo. Fuimos a retirar el auto de alquiler bien temprano. El plan era sencillo en el papel: manejar hacia el sur con San Luis como primer destino, pero la ruta tenía algunas ramificaciones tentadoras. Una de ellas era Gary, Indiana. Dudamos si desviarnos hasta la casa natal de Michael Jackson —un barrio humilde, una fachada que es más mito que museo. Por ahí cerca estuvo el Mister Lucky Lounge, donde debutaron los Jackson Five, hoy cerrado y abandonado. No nos animamos. La idea de visitar un lugar tan cargado y a la vez tan deshecho nos pareció una especie de contradicción difícil de sostener.

Buscando un lugar interesante y cercano en Indiana, y la mejor opción era desviarnos hasta el Dunes National Park, donde recorrimos el histórico Bailly Homestead y la Chellberg Farm. Nos quefamos finalmente con las ganas de ir hasta la Washington Park Beach para fotografiar su faro y marcar un estado más en el mapa del viaje, pero nos demoramos demasiado en retirar el auto e iniciar el largo recorrido que teníamos previsto para el primer día. 

Quedó para otro viaje hacer un recorrido por las fábricas oxidadas del cinturón industrial, y nos metimos de lleno en el corazón del país.

La Ruta 66 apareció como una vieja melodía que se reconoce apenas suena. Paramos en el Polk-A-Dot Drive In, que parece una cápsula del tiempo con decorado de los 50 y "esculturas" de personajes icónicos. 

Springfield, la capital de Illinois, nos recibió con una calma administrativa. Pasamos por la tumba de Abraham Lincoln, y por el Capitolio del Estado que impone desde afuera. Antes de seguir rumbo a San Luis, hicimos varias paradas en rincones que se esfuerza por ser almacenar la nostalgia de la ruta que unía el este con el oeste.

Ya cerca del destino, desviamos por la Ruta 270 para cruzar el Chain of Rocks Bridge, un puente peatonal que alguna vez fue parte de la Ruta 66. Tiene una curva rara en el medio y una vista del Mississippi que justifica el rodeo. Entramos a San Luis por la 367, una entrada menos turística pero más auténtica.

Caminamos un poco por el Gateway Arch Trail y llegamos hasta el imponente arco que simboliza la expansión hacia el oeste. Un monumento simple y descomunal a la vez. Después nos perdimos un rato en Forest Park, un espacio verde que es más grande que el Central Park y con menos pretensión. El Mississippi Riverfront tiene esa mezcla de río poderoso y costado industrial que tanto caracteriza a esta zona del país. En el Soulard District encontramos un poco más de vida: bares con blues en vivo, mercados de productos locales, y esa sensación de que la ciudad se guarda cosas para la noche.

Habíamos previsto ir a Blueberry Hill, el famoso restaurante donde solía tocar Chuck Berry, pero nos pareció que ese homenaje podía esperar. A veces conviene dejar algo pendiente.

La mañana siguiente trajo otra ruta. Desde San Luis a Nashville hay poco más de 500 kilómetros. Salimos temprano, y pasamos por Cairo, una ciudad en el cruce de los ríos Mississippi y Ohio, que hoy parece detenida en el tiempo. Casas vacías, tiendas cerradas, e historias de violencia y segregación racial muy complejas que siguen pesando en el aire.

Más adelante, Paducah, en Kentucky, ofreció un respiro amable. El centro está lleno de murales y tiene ese aire de pueblo que quiere ser visitado. Después tomamos la 24 y llegamos a Nashville por la tarde.

Lo primero fue recorrer el Nashville Farmers' Market y Germantown, dos lugares que muestran el costado más relajado de la ciudad. El War Memorial Auditorium, enorme y solemne, estaba cerrado en mantenimiento. 

Para recuperar energía, y aprovechando lls festejos del 4 de juluo, nos metimos de lleno en la Bourbon Street Blues, llena de esos bares donde la música en vivo es una constante, no un evento.

Broadway Street es otra cosa. Un carnaval de luces y ruido, donde cada bar parece competir por volumen y cantidad de guitarras colgadas. Vimos el Johnny Cash Museum, pasamos por el Whiskey Row de Dierks Bentley, Layla’s, The Stage, Tootsies, y el mítico Ryman Auditorium, donde la historia del country se puede sentir en cada rincón. Difícil abarcarlo todo en una noche, pero casi ninguno cobra entrada ni obliga a consumir. Entrar, escuchar un poco de música, intentar comprender el ambiente local y salir en búsqueda de un nuevo bar, fue la constante. Mucha bota y sombrero de cuero a pesar del calor de la noche.

Al salir de Nashville pasamos por The Parthenon, una réplica exacta del original griego que parece fuera de lugar pero tiene sentido en esta ciudad que se autoproclama “la Atenas del Sur”. Después, una visita rápida al Studio B de RCA Victor, donde grabaron leyendas como Elvis y Roy Orbison, y un vistazo a The Orchard, un espacio artístico comunitario, pero que al estar cerrado dice poco y nada.

La ruta 40 nos llevó directo a Memphis. A la entrada, nos sorprendió la pirámide del Bass Pro Shops, que es un shopping y mirador adentro de una estructura egipcia gigante. Inexplicable, como muchas cosas en este país, pero ahí está.

Memphis tiene otro pulso. Empezamos en Sun Studios, el lugar donde Elvis grabó su primer tema. Una cápsula sonora detenida en 1954. Luego el downtown: la plaza de Elvis Presley, el BB King’s Blues Club, el Rum Boogie y el Rock 'n' Soul Museum. Ver el atardecer sobre el río desde Beale Street Landing fue uno de esos momentos en los que todo encaja.

Al otro día visitamos el National Civil Rights Museum, construido alrededor del Lorraine Motel, donde asesinaron a Martin Luther King. El silencio que se impone ahí no es el mismo que en un museo tradicional. Es más denso. Más profundo. Caminamos también por donde Rosa Parks luchó por los derechos civiles de los afroamericanos.

Vimos el puente que separa Tennessee de Arkansas. Cruzamos para almorzar cómida tradicional del luegar y anotar un nuevo estado en la lista. Una línea en el mapa con muchas capas debajo.

Antes de dejar la ciudad, paramos en el Stax Museum of American Soul Music, una joya escondida que cuenta otra cara del soul, menos blanca, más auténtica. Y sí, pasamos por Graceland, aunque lo hicimos más por deber que por fanatismo. El cierre fue en la Full Gospel Tabernacle Church, donde a veces canta el reverendo Al Green. No tuvimos esa suerte, pero igual fue un cierre espiritual.

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martes, 8 de julio de 2025

USA Norte a Sur: (1) Chicago, la ciudad que mira hacia arriba


Durante mucho tiempo tuve la idea de hacer un viaje por carretera desde Chicago hasta Nueva Orleans. No solo por lo que prometen las ciudades de inicio y fin del recorrido, sino por lo que insinúan los espacios intermedios: las ciudades míticas de la Ruta 61, los pueblos chicos, los tramos largos de ruta, las estaciones de servicio perdidas, las historias mínimas que aparecen cuando uno baja la velocidad. Esta serie de cuatro artículos no es una guía de viaje, ni pretende serlo. Es, más bien, una crónica personal de lo que fui viendo, sintiendo y reflexionando mientras bajaba hacia el sur. Un intento de narrar el movimiento, pero también los silencios, los contrastes y las marcas que deja el camino.

Hoy comienzo con mi recorrido en Chicago, la ciudad que mira hacia arriba.

Hay ciudades que no se caminan: se observan hacia arriba. Chicago es una de ellas. No solo por sus rascacielos, que son una forma de testimonio, sino porque su historia, sus cicatrices y su vitalidad no están solo a ras del suelo. Empezar este viaje hacia el sur desde aquí no fue casual. Fue una elección con peso simbólico. Desde este punto parte la Ruta 66 (que recorrí hace más de 25 años), y de alguna manera, también parte una cierta concepción de lo que es Estados Unidos.

Llegamos en avión, pero para empezar a caminar lo hicimos desde Union Station, y nos fuimos dejando llevar por el ritmo de la ciudad, que al principio se siente densa pero ordenada. A la vuelta de la esquina se  ve la Willis Tower. Chicago desde la altura se ve como una maqueta precisa. Luego caminé hasta la intersección de la calle Adams y la avenida Michigan donde está el cartel que marca el inicio de la Ruta 66. Pequeño, modesto, pero cargado de una promesa. Lo fotografié sin demasiado entusiasmo, sabiendo que ese símbolo iba a volver más adelante en el viaje.

Seguimos hacia el Instituto de Arte de Chicago, que es de esos lugares que te pueden absorber por horas si no te cuidás. Justo enfrente, el Millennium Park me devolvió al presente: la fuente de las caras que escupen agua y el famoso "Bean", que distorsiona todo y a la vez lo refleja con una nitidez inquietante. Más al sur, en el Grant Park, la Fuente de Buckingham me regaló una postal clásica de ciudad. Cerré este primer recorrido en el Field Museum, un templo de historia natural con ese aroma inconfundible a ciencia y solemnidad.

Comimos al paso. En los carritos (foodtrucks) encontré una forma de entender la ciudad por el estómago. Usé dos apps que funcionaron bien: Truckster y StreetFoodFinder. Los puestos cambian, así que conviene chequear antes de salir.

Recorrimos el Riverwalk a pie (quedó pendiente tomar uno de esos barcos turísticos que ofrecen un recorrido arquitectónico por el río). Sorprende cuánto se puede entender de una ciudad por cómo se construyó. Cada edificio cuenta una parte de la historia, cada ángulo habla del tiempo. Crucé el río para ver una escultura que no esperaba: "Wings of Mexico", unas alas enormes de bronce que parecen fuera de lugar y sin embargo encajan. Llegué al Navy Pier, más turístico, pero con una vista abierta al lago que regala un oasis en el hormigón (a pesar de la enorme cantidad de gente).

Más tarde caminamos hasta el Haymarket Memorial, en homenaje a los mártires de Chicago. No está cerca de nada, casi no se nombra en las agendas turísticas, pero vale la caminata por lo que significa en la historia de la lucha de los trabajadores. De camino pasamos por el City Hall y vimos la escultura de Picasso, una figura de un caballo a su estilo. Muy particular como Chicago misma, quizás.

Un tip barato y divertido: subirse al tren elevado (necesario además porque alojarse en el down town es carísimo). La línea marrón da una vuelta hermosa por el centro, con vistas inesperadas. Por 5 USD tenés un pase de 24 hs que también sirve para cualquier traslado en bus. Es una experiencia de cine urbano en tiempo real.

Recorrimos la Magnificent Mile y llegamos hasta el John Hancock Center, donde se encuentra el mirador 360 Chicago  (vale la pena subir, disfrutar la vista y descubrir las playas que no son pocas). A pocos pasos entramos a la Fourth Presbyterian Church, una iglesia gótica que parece suspendida en el tiempo. Luego fuimos hasta Lincoln Park. El zoológico es gratuito pero no encontramos mucho para ver.

Fuimos a la Oak Street Beach. Me senté en la arena, miré el lago como si fuera un mar y por un rato dejé que el ruido urbano quedara atrás. Después bañarse en el lago. Nada que enviadiarle a una playa "de verdad".

La despedida ffuecon la original pizza de Chicago, con maíz, relleno y mucha salsa.

Chicago no se deja conocer del todo en cuatro días, pero ofrece lo suficiente como para quedarse pensando.

Ahora toca conducir por la frontera entre Illinois e Indiana. El sur espera.

[Siguiente]

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sábado, 21 de junio de 2025

Música uruguaya para extranjeros

Como me apasiona la música, cada vez que viajo o recibo visitantes del exterior en Uruguay, me gusta compartir con ellos los sonidos más característicos de nuestro país. No es tarea sencilla: la riqueza de nuestra música reside precisamente en su diversidad y en una mezcla de influencias que, fuera de nuestras fronteras, suelen ser poco conocidas.

La música uruguaya tiene una identidad propia, pero al mismo tiempo híbrida. Por eso, para comprenderla en profundidad, es necesario primero presentar sus raíces: los estilos originarios que moldearon su personalidad sonora, y que luego dieron lugar a fusiones, transformaciones y nuevas expresiones a lo largo del tiempo.

Podríamos decir que hay cuatro pilares fundamentales que explican el sonido de la música uruguaya: el candombe, la milonga, la murga y el tango. Cada uno de ellos tiene un origen singular y una impronta cultural propia, pero todos han dialogado con otros géneros —como el jazz, el blues, el rock o la música latinoamericana— dando lugar a un paisaje sonoro complejo y en permanente evolución.

Pero los principios tienen su peso: la música uruguaya nace del entrecruce de la herencia africana —traída por los esclavizados durante los siglos XVIII y XIX— con las influencias europeas, principalmente de inmigrantes españoles e italianos. Esta combinación se manifiesta tanto en los sonidos urbanos como en las expresiones musicales rurales, conformando una identidad sonora única en la región.

1. Candombe: Reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el candombe tiene raíces afrodescendientes y nace de la fusión de ritmos de distintas etnias africanas esclavizadas durante la época colonial. Hoy se interpreta con tres tipos de tambores que conforman una cuerda: el chico (marca el pulso), el piano (lleva la base) y el repique (improvisa libremente). Es un ritmo montevideano por excelencia, nacido en la calle y para la calle, profundamente ligado al barrio, la danza y la comunidad. Aunque se ha convertido en un espectáculo en Carnaval, su esencia sigue viva en las llamadas barriales que recorren la ciudad al ritmo de los tambores.

2. Milonga: Surge del cruce entre el canto gauchesco, la guitarra española y ritmos de raíz africana. Se caracteriza por letras de tono poético o narrativo, acompañadas por un ritmo marcado en la guitarra criolla. Es la base de buena parte del folclore nacional y del canto popular uruguayo, y ha sido la plataforma desde la cual se han expresado trovadores y cantautores a lo largo del siglo XX, desde Alfredo Zitarrosa hasta Fernando Cabrera.

3. Murga uruguaya: Una adaptación del carnaval gaditano, transformada y apropiada en Uruguay como una expresión colectiva de crítica social, humor y poesía urbana. Se interpreta con un coro polifónico acompañado por una percusión particular: bombo, redoblante y platillos. Es una forma de crónica cantada que aborda tanto temas de actualidad como aspectos esenciales de la vida cotidiana: el barrio, la amistad, el bar, la memoria colectiva. Aunque nació ligada al Carnaval, la murga trasciende la fiesta y ha influido en músicos de todos los géneros.

4. Tango: Nacido en los arrabales portuarios de Montevideo y Buenos Aires como una mezcla cultural entre criollos, inmigrantes europeos y afrodescendientes. El bandoneón, junto a las guitarras y violines, define su sonoridad melancólica y profundamente expresiva. Aunque durante décadas fue más asociado a Argentina, Uruguay tuvo un rol protagónico en su gestación, y sigue siendo una parte vital de nuestra identidad musical.

A partir de estos pilares, la música uruguaya ha generado múltiples fusiones, en las que dialogan el candombe, la murga, la milonga y el tango con géneros globales como el rock, el pop, el jazz, el reggae o la música latina. Este proceso, que se intensificó a partir de los años setenta, dando lugar a estilos únicos como el candombe beat (Eduardo Mateo, Rubén Rada, El Kinto) o la murga canción (Jaime Roos) donde conviven sonidos del barrio con armonías del pop y el espíritu del carnaval.

Estas mezclas no solo aportaron innovación, sino también una nueva forma de entender la identidad: no como algo fijo, sino como una conversación permanente entre lo propio y lo ajeno, entre el pasado y el presente. La música uruguaya se reinventa constantemente sin perder de vista sus raíces.

En la actualidad, Uruguay sigue siendo un semillero de propuestas musicales originales. Desde la canción de autor hasta las nuevas formas del trap, el rap o la música electrónica, muchos artistas mantienen vivo el diálogo con los estilos tradicionales, ya sea de forma explícita o sutil. Jorge Drexler o Fernando Cabrera, por ejemplo, ha llevado elementos de la milonga y la murga a escenarios globales. Bandas como Cuarteto de Nos, No te va gustar o La vela puerca, que han incorporado influencias rioplatenses en el rock, mientras que proyectos más recientes exploran nuevas formas de expresión urbana con guiños a lo ancestral.

Dentro de los géneros bailables más populares, Uruguay desarrolló una escena propia conocida como música tropical uruguaya, que incluye versiones locales de cumbia, merengue y salsa, pero con un sello distintivo. Un subgénero especialmente representativo es la llamada plena uruguaya, caracterizada por ritmos contagiosos, uso prominente de teclados, percusión y letras simples o festivas. Grupos como Los Fatales, Karibe con K o Chocolate marcaron generaciones con esta música pensada para bailar, donde el acento rioplatense, los guiños al candombe y el espíritu popular definen una identidad sonora única en el mapa latinoamericano.

También vale la pena destacar dos formas expresivas que, aunque muy distintas entre sí, comparten el arte de la improvisación y la palabra como herramienta principal: los payadores (Julio Gallego, Carlos Molina, Abel Soria) que han mantenido viva la tradición oral de décimas que cuentan historias del ámbito rural, y los raperos (La Teja Pride, Peke 77, Clipper) que desde las calles urbanas canalizan inquietudes sociales y vivencias personales a través de sus beats.

Playlists:

Candombe: Desde el candombe puro de tambores (Cuareim 1080, Morenada, Yambo Kenia) hasta las primeras canciones que suman instrumentos de viento (Pedro Ferreira) o las versiones mas recientes (Valores de Ancina, Eduardo da Luz). Pero también en la fusión con el sonido beat y los instrumentos eléctricos (Ruben Rada, El Kinto, Hugo Fattoruso), con la milonga (Jorge Do Prado) y las versiones que suman sonidos de la música urbana y tropial (Bola 8), el candombe es una base fundamental de la música uruguaya.

Milonga: Guitarras acústicas tradicionales (Zitarrosa, Los Olimareños, Daniel Viglietti, Larbanois & Carrero, Numa Moraes, El Sabalero) o combinadas con otros sonidos (Dino, La banda de la luna azul,  Montevideo Blues, Fernando Cabrera, Jorge Nasser, Jorge Drexler).

Murga: El sonido tradicional del coro de murga (Patos Cabreros, Araca la Cana, Falta y Resto, Curtidores de Hongos), se ha vuelto canción (Edu Lombardo, Tabaré Cardozo, Canario Luna, Jaime Ross, Los mareados, Mauricio Ubal) fusionada con el rock, el candombe, la milonga y el tango.

Tango: Desde los cantores mas tradicionales (Carlos Gardel, Julio Sosa, Francisco Canaro) a los mas cercanos en el tiempo (Gustavo Nocetti, Francis Andreu) el tango sigue vivo, busca sus raíces comunes con el candombe (Lágrima Ríos, Malena Muyala), la murga (Los Mareados), el rock (Maia Castro) o la electrónica (Bajo Fondo).

[Una recomendación adicional: Montevideo Sonoro]

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martes, 27 de mayo de 2025

IA Podcast: Ética en la Era de la Inteligencia Artificial

Este segundo capítulo del podcast en español, presenta una discusión sobre los desafíos éticos de la inteligencia artificial (IA), explorando temas clave como la privacidad en el reconocimiento facial y la necesidad de consentimiento explícito. También cuestiona la toma de decisiones autónomas por parte de la IA, considerando la responsabilidad y la falta de contexto humano en situaciones críticas. Se analiza la originalidad de las creaciones generadas por IA y los debates sobre autoría y propiedad intelectual, así como las implicaciones éticas de usar asistencia de IA para tareas creativas y el posible reemplazo de trabajos humanos por automatización, destacando la velocidad del cambio y la concentración de poder. Finalmente, se plantean interrogantes sobre cómo la IA puede impactar la desigualdad social y la distribución del poder en el futuro.

Creado con inteligencia artificial utiliznado NotebookLM de Google.

Artículo original: https://www.detodounpoco.com.uy/2025/03/desafios-eticos-en-la-era-de-la.html

[Escuchar el podcast aquí]

martes, 13 de mayo de 2025

IA Podcast: Saber hacer preguntas

En este primer capítulo en español del podcast, se examina la evolución de las habilidades profesionales desde el simple saber hasta la capacidad de saber hacer y, crucialmente, resolver problemas. Con la llegada de la inteligencia artificial, se argumenta que la habilidad más valiosa se ha convertido en la de hacer las preguntas correctas. El autor comparte su experiencia personal para ilustrar cómo la resolución de problemas fue clave en su carrera, y cómo la capacidad de cuestionar y entender el contexto es esencial en el panorama profesional actual y futuro. En resumen, el texto destaca la importancia de pasar de la mera ejecución a la innovación a través de preguntas estratégicas.

Creado con inteligencia artificial utiliznado NotebookLM de Google.

Artículo original: https://www.detodounpoco.com.uy/2025/04/saber-saber-hacer-resolver-problemas.html

[Escuchar el podcast aquí]

martes, 29 de abril de 2025

Saber, Saber Hacer, Resolver Problemas, Hacer Preguntas

Cuando inicié mi vida profesional, me contrataron como analista funcional para un proyecto de implementación del sistema SAP ERP en una importante empresa uruguaya. No sabía nada de los procesos específicos de esa empresa, ni tampoco era consultor SAP. Tenía poca experiencia previa, y sin embargo, debía actuar como puente entre el equipo de consultores del proveedor de software y los futuros usuarios internos del sistema. Lo único claro era que trabajaría en procesos relacionados con finanzas, y que mi formación de grado era de contador público.

En ese contexto tan desafiante, le pregunté al gerente por qué me había contratado. Su respuesta fue breve, pero dejó una huella profunda en mí:

"Vos fuiste formado para resolver problemas, y en este proyecto vamos a tener muchos problemas."

Con los años, y después de más de dos décadas trabajando en consultoría en sistemas de información, esa frase se volvió cada vez más clara. Resolver problemas ha sido siempre el núcleo de mi rol: entender necesidades, identificar alternativas, dialogar con los distintos actores involucrados y ayudar a las organizaciones a tomar mejores decisiones.

Las profesiones han ido evolucionando. En un primer momento, se valoraba el conocimiento teórico: saber. Luego, fue fundamental poder aplicar ese conocimiento: saber hacer. Pero con el tiempo, quedó claro que lo esencial era algo más: tener la capacidad de resolver problemas.

Hoy, en un mundo atravesado por la inteligencia artificial, esa evolución da un paso más. Porque cuando las máquinas pueden procesar información más rápido que nosotros, automatizar tareas complejas y hasta generar soluciones posibles, el diferencial humano se traslada hacia otro lugar: la capacidad de formular las preguntas correctas en el momento correcto.

Preguntar bien no es un detalle menor. Es una habilidad crítica. Implica observar el entorno, comprender el contexto, empatizar con los demás y conectar ideas que a simple vista parecen aisladas. Implica cuestionar supuestos, abrir posibilidades y, sobre todo, no conformarse con la primera respuesta.

En este nuevo escenario profesional, no alcanza con saber mucho ni con hacer bien las cosas. Lo que importa es cómo pensamos, cómo colaboramos y cómo enfrentamos lo incierto. Preguntando también desde una mirada ética. Resolver problemas ya no será solamente encontrar respuestas, sino también tener la capacidad —y la valentía— de hacer las preguntas que realmente importan.

Y quizás, como me pasó a mí al comienzo, haya muchos profesionales que arranquen su camino sin tener toda la experiencia o el conocimiento técnico, pero con una gran disposición a escuchar, aprender y cuestionar. Porque al final, eso es lo que define a los verdaderos profesionales del futuro: los que, más allá de cualquier herramienta, siguen sabiendo cómo hacer las preguntas clave.

[Imagen generada por GPT-4o]

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martes, 22 de abril de 2025

Piriapolis y Punta del Este en 1 día

Hace un tiempo compartia aquí un artículo con recomendaciones para conocer Montevideo en 1 día, pensando en personas extranjeras que vienen por trabajo, o están de paso, y quieren tener una primera aproximación a la ciudad.

Ahora, en esa misma línea, extiendo las recomendaciones hacia el este para poder visitar Piriápolis y Punta del Este en un día, ya que son sólo 150 kilómetros desde Montevideo y en
un recorrido en auto pueden combinar paisajes increíbles, historia, naturaleza y, por supuesto, ese aire único de la costa uruguaya. 


La jornada puede comenzar en Piriápolis, una ciudad diseñada por Francisco Piria con estilo europeo. 
Pero antes de llegar, si venís desde Montevideo y entrás por Las Flores, podés visitar el Castillo Pittamiglio, un lugar lleno de simbolismos esotéricos y con una arquitectura muy peculiar. Un breve recorrido alcanza para captar su esencia. 

Un paseo rápido en auto por la rambla te permitirá ver algunos íconos de Piriápolis: el Argentino Hotel y el Hotel Piriápolis (hoy colonia escolar) y el Paseo de La Pasiva (ex Hotel de Baños), símbolos del glamour de principios del siglo XX. Ideal para unas fotos y seguir viaje.

Tu primera parada debería ser el Cerro San Antonio, al que se puede subir en auto. Desde arriba vas a tener una vista espectacular de la ciudad y del mar. Hay un pequeño parador donde vale la pena tomarse un cafecito mientras disfrutás de la tranquilidad y las panorámicas.

El Puerto de Piriápolis podría tentarte, pero si tu ruta incluye el de Punta del Este, podés pasar de largo. Aunque si el hambre aprieta, las empanadas de los puestos de pescadores son una excelente excusa para una parada breve.

El siguiente punto del recorrido es la Fuente del Toro, ubicada en la base del cerro. La tradición manda tocar las bolas del toro para atraer la buena suerte. Si bien se puede subir caminando hasta la cima, en una recorrida de un único día en la zona, no tendrás tiempo suficiente.

No muy lejos se encuentra el Castillo de Piria, la antigua residencia del fundador de la ciudad. Es un sitio cargado de historia, y aunque podés hacer la visita completa, si tenés poco tiempo, al menos sacá unas buenas fotos del exterior, que ya de por sí es imponente.

Siguiendo ese camino se llega al Cerro Pan de Azúcar. Te recomiendo subir hasta la cima solo si querés hacer trekking, pero tené en cuenta que al menos un par de horas. Pero en su base hay una Reserva de Fauna Autóctona que vale la pena.

Dejando atrás Piriápolis, el camino hacia Punta del Este se puede visitar el Arboretum Lussich, un paseo gratuito entre árboles exóticos. Y siguiendo por ese camino se puede visitar el establecimiento Lapataia que es famoso por sus panqueques con dulce de leche, un imperdible.

Ya llegando al destino principal, la ruta ofrece una de las vistas más lindas de la costa: Punta Ballena. También podés dejarlo para el regreso ya que ver el atardecer en Casapueblo es mágico, aunque hay que considerar que el acceso no es gratuito.

Una vez en Punta del Este, las playas te reciben. En la Playa Brava no puede faltar la clásica foto con los famosos "Dedos", y si preferís un baño más tranquilo, la Playa Mansa es la opción ideal.

La Avenida Gorlero es la principal calle comercial. Aunque no son muchas cuadras, caminarla suma al espíritu turístico, quizás comprando algún souvenir o simplemente disfrutando del movimiento.

Para sentir que realmente estuviste en Punta del Este, acercate hasta el Faro, en el extremo de la península. Después, un recorrido por el Puerto te permitirá ver lobos marinos muy de cerca, mientras los pescadores limpian su pesca del día.

Una divertida parada es el Puente de La Barra: cruzalo en auto, acelerando un poco para sentir la famosa ondulación. Seguí camino hasta La Barra y Manantiales, zonas con un estilo más relajado y menos urbano, ideales para descansar la vista y el espíritu.

Si tenés ganas de ir un poco más lejos, el Faro de José Ignacio te regala postales de revista. Eso sí, comer allí puede resultar bastante caro. Y si sos de los que aman rutas escénicas, cruzar el Puente Circular de Laguna Garzón es una experiencia única. Luego de hacerlo, conviene volver sobre tus pasos, ya que del otro lado no hay muchos atractivos turísticos inmediatos.

Y si todavía te queda energía, el MACA (Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry) ofrece un parque escultórico gratuito que combina arte y naturaleza en un entorno simplemente maravilloso.

Para los que buscan agregar algo diferente y tienen más tiempo, el desvío hasta Pueblo Edén es una excelente opción: un pequeño rincón rural donde el camino es tan lindo como el destino. Allí podés almorzar en la Posta de Vaimaca (una experiencia gourmet) o en Mis Raíces, con un menú más sencillo y precios más accesibles.

Otra alternativa exclusiva es visitar la Bodega Garzón, donde además de vinos de alta calidad, vas a encontrar una vista impresionante de las sierras. Eso sí, asegurate de reservar y confirmar horarios, y preparate para una experiencia un poco más costosa.

[Aquí un mapa con estos lugares señalados]
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lunes, 24 de marzo de 2025

Cervezas Artesanales en Uruguay: Modelos de Negocios

Cuando hablamos de los grandes cambios que han atravesado los mercados en las últimas décadas, solemos pensar automáticamente en el sector tecnológico. Sin embargo, hay ejemplos fascinantes de transformación e innovación en rubros que, a primera vista, parecen alejados del mundo de las TIC. Uno de ellos es el de las cervezas artesanales en Uruguay, un fenómeno que crece de manera sostenida y que refleja con claridad cómo las nuevas lógicas de producción, consumo y colaboración están redefiniendo la manera en que concebimos los negocios.

La mayoría de estas cervecerías nacen como iniciativas personales. Personas que, más que emprender con una visión puramente comercial, comienzan su camino desde una necesidad propia: el deseo de consumir algo diferente, algo que el mercado masivo no ofrece. Desde allí, deciden producirlo. Este gesto inicial tiene mucho que ver con el concepto de prosumer (productor + consumidor), donde quien antes era sólo un consumidor pasivo ahora toma un rol activo, participando no sólo en la elección sino también en la creación y transformación de los productos que desea.

Pero lo interesante no termina ahí. Las cervecerías artesanales no se limitan a fabricar un producto alternativo; construyen una forma distinta de vincularse con su entorno. Apoyadas en herramientas digitales y redes sociales, aprovechan canales de comunicación directa con sus clientes. Dialogan, reciben retroalimentación, ajustan sus recetas y experimentan constantemente. El ecommerce y las plataformas digitales les permiten llegar a consumidores sin necesidad de intermediarios, manteniendo un vínculo cercano y genuino que refuerza el valor de lo artesanal y lo local.

Además, en este sector es notable el grado de cooperación entre actores que, en otro contexto, serían considerados competidores. Lejos de replicar la lógica de las grandes corporaciones cerveceras, donde prima la competencia feroz y la estandarización, las cervecerías artesanales optan por colaborar, compartir conocimientos, insumos, y hasta espacios de producción o distribución. Se organizan en redes, participan en ferias conjuntas, y fortalecen una marca colectiva que trasciende a cada una de ellas.

Este tipo de dinámicas no son casuales. Son parte de un cambio más profundo en la forma en que entendemos el trabajo, la producción y el consumo. Las claves del éxito en este sector no pasan únicamente por el volumen, sino por la calidad, la cercanía, la innovación y la capacidad de adaptarse rápidamente. La experimentación es constante, ya sea probando nuevas combinaciones de ingredientes, nuevos estilos, o incluso nuevas formas de presentación y distribución.

En el fondo, lo que vemos en las cervecerías artesanales es la aplicación práctica de varios conceptos que han ganado relevancia en los últimos años: cooperación, redes horizontales, innovación abierta, economía colaborativa y crecimiento sostenible basado en la diferenciación, no en la homogeneización.

Quizás lo más importante sea la lección que dejan: no hace falta ser parte del sector tecnológico para adoptar y beneficiarse de estos enfoques. La transformación digital, entendida en un sentido amplio, no es sólo cuestión de software y algoritmos, sino también de nuevas maneras de relacionarse, de producir valor, de conectar con clientes y con otros actores del mercado.

Las cervecerías artesanales nos muestran que es posible construir modelos de negocio más humanos, descentralizados y colaborativos, donde la innovación no esté reservada a gigantes, sino que sea el resultado natural de la interacción entre personas apasionadas por lo que hacen.

Y, en ese sentido, vale la pena preguntarse: ¿qué otros sectores podrían mirar hacia este modelo para repensar sus prácticas y abrirse a nuevas formas de crecer?

[Si quieres probar cervezas locales, uso y recomiendo Birrava]

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Desafíos Éticos en la Era de la Inteligencia Artificial

La semana pasada particpé como invitado en el Taller de Ética y Responsabilidad Social de la Licenciatura en Administración en FCEA, UdelaR, donde estuve conversando sobre los desafíos relacionados con las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y, especialmente, con la inteligencia artificial (IA). 

Un primer ejemplo es el reconocimiento facial, una tecnología que ha ganado popularidad en diversos sectores, desde la seguridad hasta la publicidad. En el ámbito del marketing relacional y la gestión del relacionamiento con clientes, el reconocimiento facial podría ser utilizado en tiendas de retail para identificar a los clientes y ofrecerles experiencias personalizadas, similares a cómo funcionan las cookies en internet. Sin embargo, surgen preguntas sobre la privacidad y el consentimiento: ¿los clientes están informados de que se les está rastreando? ¿Deben dar su consentimiento explícito, como ocurre con las cookies en los sitios web? ¿Qué tan invasivo puede resultar? ¿Como clientes queremos eses nivel de trazabilidad al que nos acostumbramos a tener en la web?

Otro desafío ético importante es a la capacidad de las IA para la toma de decisiones autónomas. Cada vez más empresas y organizaciones confían en algoritmos para tomar decisiones críticas, como la aprobación de préstamos, la selección de candidatos para un puesto de trabajo o incluso el diagnóstico de enfermedades. Sin embargo, ¿hasta qué punto es aceptable delegar la responsabilidad de decisiones tan cruciales a máquinas? A pesar de que la IA puede procesar grandes cantidades de datos y ofrecer recomendaciones objetivas, no puede tomar en cuenta el contexto humano o la moralidad de una situación de la misma manera que un ser humano. ¿Deberían los aspectos humanos ser parte del proceso de decisión? ¿Qué sucede cuando una IA toma una decisión equivocada y las consecuencias son irreparables? ¿Quién es responsable de esos errores?

El otro elemento que diferencia a la IA de las TIC anteriores es la posibilidad de generar ideas nuevas. En cuanto a la originalidad de la IA, nos encontramos con la cuestión de si las creaciones generadas por inteligencia artificial, como textos, obras de arte o música, son verdaderamente originales. Si una máquina produce contenido a partir de grandes volúmenes de datos, ¿es legítimo considerar a esa creación como producto genuinamente nuevo? ¿O estamos frente a una suerte de "reconstrucción" de lo que ha sido previamente creado por humanos? Además, este fenómeno plantea la pregunta sobre quién es el autor de esa creación: ¿la IA misma, los programadores que la diseñaron, o el usuario que la utiliza y plantae los promts específicos? Este debate tiene implicaciones legales, culturales y filosóficas sobre la propiedad intelectual y los derechos de autor en la era digital.

Un tema igualmente controvertido es el uso de asistencia de IA en tareas como la escritura. A medida que las herramientas de IA se perfeccionan, muchas personas recurren a ellas para realizar tareas escolares, escribir artículos, ensayos o incluso obras literarias. Sin embargo, surge la pregunta ética de si es apropiado escribir con la ayuda de una máquina. ¿Estamos perdiendo nuestra capacidad de expresarnos creativamente al delegar parte de nuestra autoría a un sistema automatizado? ¿Deberíamos considerar estos textos generados por IA como una forma de plagio, ya que no son completamente fruto del intelecto humano? ¿Debemos informar que un texto fue creado con asistencia de IA? Este cuestionamiento abre la puerta a un debate sobre el valor de la creatividad humana en un mundo digitalizado.

Finalmente, el reemplazo de trabajos humanos por bots es un desafío que ya está comenzando a tener un impacto significativo en diversas industrias. Con la automatización de procesos y el aumento de la IA, muchas tareas que antes realizaban personas pueden ser asumidas por máquinas más eficientes y rápidas. ¿Qué pasará con aquellos trabajadores cuyas habilidades se vuelvan obsoletas? ¿Cómo garantizar que el reemplazo no conduzca a una mayor desigualdad social y económica? Además, surge la cuestión sobre cómo se distribuirá el poder en una sociedad donde la toma de decisiones y la gestión de recursos están cada vez más en manos de algoritmos. ¿Quienes controlan estas tecnologías tendrán más poder sobre la sociedad que aquellos que las usan? Y, en última instancia, ¿cómo garantizar que las tecnologías no acentúen las desigualdades preexistentes, sino que contribuyan a un bienestar generalizado?

Estos ejemplos muestran solo algunos de los desafíos éticos que se deben analizar a medida que las TIC y la IA siguen avanzando. Cada uno de estos puntos requiere una reflexión profunda sobre cómo equilibrar los beneficios tecnológicos con los principios éticos que deben guiar su implementación y uso en la sociedad.

[La imagen que acompaña el artículo fue generada por Dall-e utilizando Chatgpt]

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