A lo largo de casi tres décadas he trabajado en la implementación de software de gestión, y la constante más persistente no ha sido la tecnología, sino el abismo de comunicación entre quienes usan los sistemas y quienes los construyen. Tras todos estos años de interacción diaria con usuarios operativos y consultores técnicos, la evidencia es clara: la mayoría de los desvíos, presupuestos excedidos y frustraciones en los proyectos no nacen de fallas en el código, sino de requerimientos mal articulados, ambiguos o directamente omitidos desde la fase inicial.
Para cerrar esa brecha, diseñé un curso online intensivo y asincrónico de 7 módulos, concebido específicamente para profesionales y usuarios que deben sumarse a un proyecto de software y necesitan dominar los fundamentos críticos sin perderse en el camino. Estructurado y perfeccionado utilizando inteligencia artificial como copiloto (Gemini y NotebookLM), el curso condensa lecciones prácticas de campo para transformar a participantes novatos en interlocutores válidos capaces de dialogar de igual a igual con los equipos de desarrollo.
El objetivo central es dotar a los participantes de la capacidad operativa para identificar, documentar y validar requisitos de manera efectiva, asegurando que el producto final responda al negocio real y no a supuestos. La ruta formativa abarca desde la Ingeniería de Requerimientos y la Gestión de Proyectos, pasando por el Análisis y Modelado formal de procesos, hasta una inmersión técnica indispensable en Bases de Datos y SQL, Integraciones de sistemas y Seguridad de la Información, garantizando una visión integral del ciclo de vida digital.
Además de las presentaciones disponibles en YouTube, en la descripción de cada uno de los videos encontrarán como material complementario casos de estudio y guías técnicas, además de referencias bibliográficas que pueden resultan de utilidad para quienes quieran profundizar.
El documento busca orientar a los contadores públicos ante tecnologías como inteligencia artificial (IA), blockchain, aprendizaje automático, computación cuántica y automatización de procesos robóticos (RPA).
La irrupción de las tecnologías emergentes en la contabilidad y las finanzas suele presentarse bajo una narrativa puramente optimista de eficiencia, velocidad y automatización. Sin embargo, el documento de la IESBA nos propone sacudir esa comodidad y a confrontar los límites reales de nuestra responsabilidad profesional. La tesis central del organismo es tan simple como incómoda: no importa qué tan autónoma o sofisticada sea la herramienta que utilicemos, la responsabilidad última e indelegable por los juicios y decisiones financieras sigue siendo del ser humano.
El verdadero desafío no radica en las herramientas específicas que hoy dominan la conversación, como la inteligencia artificial generativa, el aprendizaje automático o la computación cuántica, sino en los rasgos intrínsecos que estas tecnologías comparten y que alteran profundamente el mapa de riesgos éticos. La IESBA identifica características críticas como la opacidad, el no determinismo, la adaptabilidad perpetua y la autonomía. Cuando un sistema es opaco (la famosa "caja negra"), resulta casi imposible explicar la lógica de sus resultados, lo que puede inducir al profesional a una preocupante autocomplacencia o a una parálisis por intimidación ante el dictamen de la máquina. Peor aún, el no determinismo implica que inputs idénticos pueden generar outputs distintos, dinamitando la noción tradicional de trazabilidad y consistencia que sostiene a la auditoría. Si a esto sumamos la adaptabilidad perpetua, donde los algoritmos modifican su propio comportamiento en función de nuevos datos sin que el usuario lo note, la evaluación de riesgos deja de ser un hito que se firma una vez para convertirse en un proceso de vigilancia continua.
Esta realidad fractura los supuestos de control con los que operábamos en la era de los sistemas basados en reglas lógicas predecibles de causa y efecto. Hoy, la delegación excesiva de criterio en herramientas que procesan datos a escalas y velocidades que escapan a la supervisión humana directa no solo amplifica los sesgos e imprecisiones de origen a niveles masivos antes de que podamos intervenir, sino que diluye la rendición de cuentas. Por ello, mantener la competencia profesional y el debido cuidado exige hoy un nivel de alfabetización tecnológica activa y el rechazo tajante a prácticas como el uso de software no validado o Shadow IT, que exponen la confidencialidad de la información bajo la excusa de la productividad individual. Frente a un entorno propenso a la manipulación digital y a la generación de datos sintéticos o deepfakes, la tecnología no reduce la relevancia del juicio humano, sino que lo sitúa como el último y más crítico guardián de la confianza pública.
[Este artículo del blog fue creado con asistencia de Gemini AI, pero revisado y adaptado por mi]
A continuación un texto generado con Inteligencia Artificial (Gemeni 3.5 Flash) en base a mis reflexiones en el Conversatorio Internacional del pasado 25 de junio.
Dentro del ámbito del Control de Gestión y
los Sistemas de Información, persiste una visión reductiva que encasilla a la
tecnología como un simple centro de costos o una inversión abstracta de difícil
justificación. Esta perspectiva ignora que el verdadero impacto tecnológico no
se agota en la instalación de un software, sino en su capacidad para
transformar el modelo operativo y estratégico de una organización.
Evaluar el retorno real de estas
iniciativas exige ir más allá de las métricas financieras tradicionales,
entendiendo que herramientas como un ERP no son fines en sí mismos, sino los
cimientos estructurales necesarios para avanzar hacia la automatización y la
inteligencia artificial. Ante la inevitable resistencia al cambio
organizacional, el desafío —tanto para las industrias como para las
universidades que forman a los futuros líderes— radica en medir el valor de los
activos intangibles y en posicionar a los profesionales como articuladores
clave de esta transformación digital, asegurando que la tecnología sea el motor
de la adaptabilidad y no una fricción interna.
La insuficiencia del
ROI tradicional y los intangibles estratégicos:
El ROI tradicional está diseñado para
activos tangibles con depreciación lineal. Aplicarlo de forma aislada a la
tecnología subestima el valor opcional y la flexibilidad operativa.
La inversión tecnológica debe medirse como
un habilitador de capacidades dinámicas, especialmente en entornos
VUCA/BANI. El verdadero retorno incluye:
Resiliencia cultural: Capacidad de la
organización para absorber perturbaciones tecnológicas sin perder
productividad.
Velocidad de respuesta: Reducción del
tiempo de comercialización (time-to-market) y adaptación ágil a
cambios regulatorios o de mercado.
Activos de información: El valor de
contar con datos limpios, centralizados y disponibles en tiempo real para
la toma de decisiones, lo cual no figura en los estados financieros, pero
determina la supervivencia del negocio.
La escalera evolutiva:
ERP à RPA à IA
No se puede automatizar el caos. Sistemas
como SAP no son solo herramientas de registro; son la infraestructura que
estandariza los procesos de negocio y garantiza la integridad del dato
maestro.
Una vez que el proceso está estandarizado
y es predecible, la Automatización Robótica de Procesos (RPA) elimina las
tareas transaccionales repetitivas de bajo valor.
La IA y los modelos de lenguaje no operan
en el vacío; requieren datos estructurados y procesos maduros. El Control
de Gestión debe entender que el ERP es la condición necesaria (el
cimiento) para que la IA aplicada a la estrategia y a la analítica predictiva
sea viable y no un mero experimento aislado.
El rol de la
Universidad en la articulación de la transformación
Las universidades no deben formar
operarios de software ni teóricos abstractos. El desafío académico es
desarrollar un perfil híbrido.
El profesional universitario debe ser el
puente entre la tecnología (sistemas) y el negocio (control de gestión y
cumplimiento). Esto exige un abordaje multidisciplinario donde se entienda
la tecnología no como un fin, sino como el lenguaje en el que se ejecutan
las estrategias corporativas y el compliance.
Los profesionales contables y de
administración deben estar preparados para liderar la adopción
tecnológica, gestionando la fricción humana y demostrando el valor del
nuevo modelo operativo ante la organización.
Para construir un
puente sólido que resguarde la sostenibilidad de las organizaciones en
Argentina, Chile, Uruguay y Colombia, el desafío fundamental no radica en la
adquisición de software, sino en la transformación metodológica y cultural.
Existe hoy una fractura evidente entre quienes gestionan la infraestructura
tecnológica y quienes toman las decisiones estratégicas de negocio. El
verdadero puente consiste en la formación y el desarrollo de profesionales
híbridos; "traductores bilingües" capaces de interpretar la
complejidad de los datos técnicos y convertirlos en herramientas de control de
gestión y cumplimiento normativo. Sin este rol articulador, las inversiones
tecnológicas quedan aisladas y las empresas pierden la agilidad necesaria para
sobrevivir en un entorno regional altamente competitivo y heterogéneo.
Esta brecha se ve
directamente profundizada por la actual crisis de adaptación que atraviesa la
educación superior. Las universidades de la región enfrentan un descompás
temporal crítico: mientras los ciclos de actualización y aprobación burocrática
de los planes de estudio toman años, la obsolescencia tecnológica ocurre en
cuestión de meses. Continuar enseñando bajo estructuras rígidas y silos
fragmentados —donde la tecnología se percibe como una materia aislada y no como
un eje transversal— garantiza la formación de egresados que ingresan al mercado
laboral con competencias ya desactualizadas.
Para evitar que esta
desconexión fracture el tejido empresarial latinoamericano, donde coexisten
corporaciones globales con medianas y pequeñas empresas artesanales, la
academia debe reconfigurar su propuesta de valor. El foco debe desplazarse de
la mera instrucción operativa hacia el desarrollo de capacidades dinámicas y de
gestión del cambio. Solo mediante una integración real entre la teoría de los
sistemas de información y la práctica estratégica del negocio será posible
dotar a las organizaciones del talento local necesario para liderar la
transformación digital con una visión sostenible.
Una verdadera transformación educativa
radica en aceptar que la academia sigue siendo sumamente eficaz enseñando
tareas de registro, procesamiento y elaboración de datos, precisamente las
actividades más susceptibles de ser automatizadas de forma inmediata por los ERP,
la robótica y la inteligencia artificial. El imperativo actual exige desplazar
el eje formativo hacia las capacidades de análisis crítico, interpretación
estratégica y gestión del cambio, es decir, aquellas competencias
intrínsecamente humanas que la tecnología no puede replicar. Si no logramos
migrar de la instrucción operativa a la formación analítica, seguiremos
preparando a los profesionales para competir contra los algoritmos en lugar de
capacitarlos para dirigirlos, cuestionarlos y decidir cómo aplicarlos.
Fui invitado a dar una conferencia en el marco del II Coloquio de Estudiantes y Egresados de la Carrera de Contabilidad (CEEC 2026) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), donde presenté mi visión sobre la evolución de la disciplina contable frente a la economía de plataformas y la servitización.
El modelo contable tradicional, diseñado para la era industrial y enfocado en el registro histórico de transacciones, es insuficiente para gestionar modelos de suscripción en el contexto de la economía de plataformas. El cambio fundamental radica en pasar de una mirada estrictamente retrospectiva a una estructura de datos que soporte el análisis prospectivo, donde la gestión del valor del cliente, la retención y la capacidad predictiva se convierten en los pilares de la sostenibilidad financiera. En este entorno, el profesional contable ya no es un mero guardián de registros pasados, sino el arquitecto de la información estratégica de la organización.
El estado de resultados que solemos incluir en los estados financieros presenta limitaciones críticas en la economía digital: muestra qué ocurrió en el pasado, pero carece de capacidad predictiva. Mientras que en la economía industrial una venta representaba un hito finalizado (donde un cliente que dejaba de consumir reducía costos variables operativos), en la economía de suscripción una venta marca apenas el inicio de una relación de largo plazo. Bajo esta nueva lógica, la falta de consumo por parte del usuario no se traduce en ahorro, sino en un riesgo inminente de baja (churn), destruyendo el valor futuro de la compañía.
Para que la contabilidad de gestión sea útil en entornos de plataformas, la medición financiera debe considerar el enfoque de ingresos recurrentes. Para que la contabilidad de gestión sea útil, debe monitorear de forma continua la ecuación de movimiento del ARR (Annual Recurring Revenue o Ingresos Recurrentes Anuales):
ARR_n - Churn + ACV = ARR_{n+1}
ARR_n (Ingresos Recurrentes Iniciales): Ingresos anuales al comienzo del periodo.
Churn (Bajas): Pérdida de ingresos por cancelaciones de clientes.
ACV (Valor de Nuevos Clientes): Ingresos generados por nuevas adquisiciones y expansiones.
ARR_{n+1} (Resultado del Periodo Siguiente): La proyección real de crecimiento sostenible.
El verdadero reto del Contador no es simplemente adoptar indicadores comerciales como el Costo de Adquisición de Clientes (CAC) o el Valor de Vida del Cliente (LTV). El desafío crítico se encuentra en la intersección de estas métricas operativas con los marcos contables regulatorios.
Mientras que los modelos de negocio modernos se alinean con el ciclo de vida del cliente a través del modelo PADRE (Pipeline, Acquire, Deploy, Run, Expand) o el Doble Embudo (Land, Adopt, Expand, Renew), la contabilidad financiera debe traducir estas acciones comerciales bajo criterios normativos contables.
Aún existe una desconexión estructural entre las métricas operativas de gestión y la información reportada bajo normas contables tradicionales. Al tratar las inversiones intensivas en adquisición de clientes como gastos del periodo en lugar de activos, el reporte financiero tradicional oculta el valor real de la base instalada. El propio Marco Conceptual de la IFRS reconoce que los estados financieros no están diseñados para mostrar el valor de la entidad, dejando un espacio crítico para la contabilidad de gestión.
Frente a este vacío, la solución no es forzar la normativa, sino unificar la infraestructura tecnológica mediante dos pilares:
a) Convergencia de Sistemas (Front-End y Back-End): En las economías de plataforma, la infraestructura digital es el mercado mismo y el sistema de registro primario. Los datos de uso, interacciones y renovaciones generados en el front-end son los precursores inmediatos de los datos financieros. Si no se integran de forma líquida con el back-end contable, se generan representaciones distorsionadas e incompletas.
b) Contabilidad Basada en Eventos (Event-Based Accounting): El volumen masivo de micro-transacciones supera la capacidad de los registros por lotes (batch). Se requiere capturar cada interacción económica (un consumo, una descarga, un alta) como un objeto de datos con implicaciones financieras en el origen. Esto habilita el paradigma de la contabilidad continua, automatizando procesos complejos como el devengamiento diario y la actualización de pasivos por ingresos diferidos.
Esta evolución redefine el perfil del profesional contable, desplazándolo del registro histórico hacia la ingeniería de la información. El contador ya no es un mero verificador de saldos pasados; sus nuevas competencias clave se centran en el modelado de sistemas y la gobernanza de datos estratégicos. Es el responsable de asegurar la integridad y trazabilidad del dato desde el evento digital originario en la plataforma hasta su impacto en las métricas de valor (como el Customer Lifetime Value) y los reportes de gestión.
En conclusión, la contabilidad en la economía digital actúa como el sistema de información crítico para la toma de decisiones. Las aperturas normativas recientes, como la NIIF 18 al exigir la revelación de medidas de rendimiento definidas por la gerencia, evidencian que el marco normativo está evolucionando para superar estas limitaciones. Unificar las métricas operativas de la suscripción con el rigor del procesamiento continuo es la única vía para que la disciplina deje de ser un espejo retrovisor y se consolide como la arquitectura estratégica de la empresa moderna.
Ante el auge de la Inteligencia Artificial (IA) hasta el Papa León XIV se expresó en un documento denominado Carta Encíclica Magnifica Humanitas publicada el 15 de mayo de este año. El texto aborda de manera profunda la transformación digital y el fenómeno de la IA como las nuevas "res novae" (asuntos nuevos) que interpelan la dignidad de la persona y la estructura de la sociedad contemporánea.
En la encíclica, León XIV (que entre otras cosas es licenciado en matemáticas por la Universidad Villanova) propone un discernimiento ético y espiritual sobre el impacto de la IA en la humanidad. Advierte que nos encontramos en un "cambio de época" donde el poder tecnológico, predominantemente en manos de actores privados transnacionales, amenaza con eclipsar la dignidad humana a través de un paradigma tecnocrático.
Los puntos críticos del documento incluyen:
La primacía de lo humano: La dignidad ontológica del ser humano no depende de su eficiencia o productividad.
Babel vs. Jerusalén: Se presentan dos modelos de construcción social: la "Torre de Babel" (uniformidad, orgullo y dominio técnico) frente a la "Reconstrucción de Jerusalén" (responsabilidad compartida, comunión y cuidado de los frágiles).
Justicia Digital: Se exige que el destino universal de los bienes se extienda a algoritmos, datos e infraestructuras tecnológicas.
Alerta Antropológica: Una crítica severa al transhumanismo y posthumanismo que ven la fragilidad humana como un error a corregir y no como un espacio de maduración y relación.
Desarme Tecnológico: Un llamado urgente a evitar la automatización de la guerra y la delegación de decisiones letales a algoritmos.
El Paradigma Tecnocrático y la Inteligencia Artificial
El documento analiza cómo la técnica ha dejado de ser un simple instrumento para convertirse en un sistema de poder que moldea el imaginario colectivo y los procesos de decisión.
León XIV aclara que la "inteligencia" artificial es una imitación de funciones humanas basada en procesamiento de datos y estadística, pero carece de:
Conciencia moral: No capta el sentido último ni asume responsabilidades.
Experiencia vital: No conoce el amor, el dolor, la amistad ni el perdón.
Crecimiento interior: Su "aprendizaje" es una adaptación estadística, no una maduración relacional.
Existe una tendencia peligrosa a delegar decisiones humanas a sistemas automatizados bajo una falsa apariencia de "objetividad". Esto puede generar "nuevas formas de descarte", donde la injusticia se realiza silenciosamente porque el algoritmo no conoce la compasión ni la apertura a la esperanza.
Fundamentos y Principios de la Doctrina Social en la Era Digital
La encíclica actualiza los principios tradicionales de la Iglesia para responder a los desafíos de la red y la IA:
Dignidad Ontológica: El valor de la persona es infinito e incondicionado; no se gana con productividad ni se pierde por "errores" técnicos.
Bien Común: No es la suma de intereses individuales, sino un plus social que debe orientar el desarrollo tecnológico.
Destino Universal de los Bienes: Patentes, algoritmos, plataformas y datos deben servir a todos y no ser monopolizados por élites.
Subsidiariedad: Las plataformas no deben absorber la capacidad de decisión de las comunidades; se requiere transparencia y rendición de cuentas (accountability).
Solidaridad: Reconocer el "trabajo invisible" (etiquetado de datos, extracción de minerales) que sostiene la economía digital.
Justicia Social: Evitar la "asimetría epistémica" y las nuevas geografías de poder que definen quién programa y quién es objeto de programación.
Custodiar lo Humano: Verdad, Trabajo y Libertad
El Papa identifica tres frentes de batalla donde la transformación digital impacta directamente la vida cotidiana:
(1) La Verdad como Bien Común
La IA actúa como un potente multiplicador de la desinformación. León XIV aboga por una "ecología de la comunicación": Establecer reglas de transparencia sobre cómo se seleccionan y amplifican los contenidos; Fortalecer el periodismo serio y el pensamiento crítico frente a la "cultura de la inmediatez"; Reconocer que la verdad no es una posesión, sino un bien compartido que sostiene la democracia.
(2) La Dignidad del Trabajo
Frente a la automatización masiva, la encíclica sostiene que el trabajo es "la clave esencial" de la cuestión social y un camino de realización personal. El objetivo del beneficio económico no justifica el sacrificio sistemático del empleo humano. Se deben establecer criterios sociales para la innovación: cualquier automatización debe ir acompañada de medidas de protección y recualificación del trabajador.
(3) Educación y Alianza Familiar
Se propone una "higiene de la atención" para proteger a los jóvenes de la sobreestimulación digital. La escuela y la familia deben unirse para educar en la sobriedad digital y en la capacidad de decidir cuándo no usar la IA, protegiendo el pensamiento humano original.
Crítica al Transhumanismo y el Valor del Límite
Uno de los puntos más incisivos es la confrontación con las corrientes transhumanistas y posthumanistas. León XIV argumenta que:
El límite es constitutivo: El ser humano no florece a pesar de su fragilidad, sino a menudo a través de ella. La enfermedad, el dolor y la muerte son espacios de apertura al otro y a Dios.
El peligro de la optimización: Tratar al ser humano como materia para ser perfeccionada técnicamente facilita el descarte de quienes no cumplen con los estándares de "humanidad potenciada".
La Gracia frente a la Autosuficiencia: El verdadero "más que humano" no viene de una divinización tecnológica, sino de la gracia de Dios recibida en Cristo, que asume la debilidad para transformarla.
De la Cultura del Poder a la Civilización del Amor
El capítulo final aborda la preocupante "normalización de la guerra" y el uso de armas autónomas.
La Santa Sede advierte que la IA puede bajar el umbral del uso de la fuerza al hacerla parecer "limpia" o "impersonal". El documento es categórico: "No es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o irreversibles. No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable."
León XIV propone "desarmar" la IA, lo que implica: Sustraerla de la lógica de la competencia armamentística y económica, romper los monopolios de datos que actúan como un "colonialismo digital" y asumir la mirada de las víctimas para no anestesiar la conciencia frente a los "daños colaterales".
La encíclica concluye con una invitación a ser "arquitectos sabios". Al igual que Nehemías reconstruyó los muros de Jerusalén escuchando al pueblo y uniendo esfuerzos, la humanidad está llamada a entrar en los laboratorios, empresas y escuelas para "levantar lo que se ha derrumbado".
La meta final es la Civilización del Amor, donde la técnica no sea un proyecto de dominio egoísta (Babel), sino una herramienta para que la ciudad de los hombres sea más habitable, justa y fraterna, custodiando siempre esa "magnífica humanidad" que es imagen del Creador.
Durante décadas, el mundo de los negocios y la contabilidad han vivido bajo una premisa fundamental: el hecho económico originado en una transacción puntual. El éxito se medía en el hito de la venta; el intercambio de un bien por dinero marcaba el fin de un proceso y el inicio de un registro histórico. Sin embargo, la economía global ha transitado hacia un modelo de servicios recurrentes, plataformas digitales y la desmaterialización de la propuesta de valor (Tzuo y Weisert, 2018).
El fenómeno se ha caracterizado en la literatura como economía de la suscripción (Olimjonovich, 2024), economía de plataformas (Kenney y Zysman, 2016) o servitización (Baines et al., 2009). Para este nuevo ecosistema, la venta ya no es el final del proceso comercial, sino el comienzo de una relación con el cliente, que exige una entrega de valor ininterrumpida (Levitt, 1983), desafiando los marcos conceptuales de la contabilidad tradicional, así como la práctica contable, tanto financiera como de gestión (Lev, 2018).
El problema es que, mientras los modelos de negocio han evolucionado, nuestras prácticas contables, en ciertos aspectos, parecen atrapadas en el siglo XX, y no siempre se han incorporado informes suplementarios y reportes de gestión que complementen los estados financieros.
La contabilidad financiera tradicional, basada en hitos puntuales, se fragmenta ante la complejidad de las relaciones a largo plazo. Hoy, las empresas líderes crecen exponencialmente siguiendo modelos de suscripción, pero sus estados financieros a menudo cuentan una historia incompleta. La práctica profesional actual aún trata las inversiones críticas en activos intangibles (por ejemplo: la adquisición y retención de clientes) como gastos del periodo en lugar de capitalizarlos como activos.
Un enfoque tan conservador de la contabilidad crea situaciones de asimetría informativa. Baruch Lev y Feng Gu (2016) han criticado la relevancia de la información financiera reportada, por el declive secular en la capacidad de las ganancias netas para explicar el valor de mercado de las compañías modernas. En la economía de suscripción, el valor real de una empresa es la suma del valor de vida de sus clientes: Customer Lifetime Value o LTV (Gupta y Lehmann, 2005). Si el sistema contable no puede capturar este valor oculto, los terceros interesados navegan con un mapa que omite información fundamental para la toma de decisiones.
Otro desafío fundamental es la estructura de costos. En entornos digitales de software y plataformas, una vez superada la inversión inicial, el costo marginal de servir a un usuario adicional pierde relevancia relativa frente a otros factores como la retención y escalabilidad. Las métricas tradicionales de margen bruto pierden sentido cuando el costo de producción ya no es el factor limitante.
La contabilidad de gestión debe, por tanto, relativizar su preocupación con la asignación de costos y empezar a enfocarse en el valor de la red y el costo de adquisición de usuarios. En modelos recurrentes, la métrica de supervivencia no es el saldo de caja del mes pasado, sino la tasa de abandono (churn). Una baja en la rentabilidad trimestral debido a una inversión intensiva en retener clientes de alto valor no es un fracaso; es una apreciación de los activos de la compañía que el estado de resultados tradicional simplemente es incapaz de reflejar.
Esta transformación exige una reconfiguración total de la arquitectura tecnológica de las organizaciones. En la economía de plataformas, el sistema de información no es una herramienta de registro posfacto, sino la infraestructura que define el hecho contable en tiempo real.
Una posible solución técnica para esta transición es la adopción de modelos de contabilidad basada en eventos (Event-Based Accounting). En lugar de procesar transacciones por lotes al final del mes, los sistemas deben capturar cada rastro digital (inicios de sesión, descargas de la aplicación, renovaciones de planes o períodos prolongados de inactividad) como un evento relevante para los modelos de estimación de ingresos. Solo esta granularidad permite adoptar un modelo de contabilidad continua, en el que el cierre contable se distribuye a lo largo del periodo de forma automatizada (Bhimani, 2020).
Bajo este paradigma, el rol del profesional contable experimenta una metamorfosis significativa. El contador deja de ser un validador de datos históricos para convertirse en un arquitecto de sistemas de información (Niroula y Pant, 2025). La tarea ya no es solo interpretar datos, sino también diseñar y gobernar los algoritmos de reconocimiento de ingresos y la infraestructura digital que garantice la integridad de la información en un entorno de grandes volúmenes de datos.
La economía de la suscripción es una respuesta estratégica a la comoditización de los productos físicos. Ofrece previsibilidad financiera, resiliencia ante las crisis y una relación directa con el consumidor, que genera un flujo relevante de datos estratégicos.
Sin embargo, para aprovechar este potencial, las empresas deben derribar los silos entre la estrategia, la tecnología y las finanzas. La contabilidad debe dejar de ser una función de soporte para posicionarse como una infraestructura estratégica para la toma de decisiones. Aquellas organizaciones que sigan intentando medir la economía digital con herramientas de la era industrial se encontrarán reportando ganancias mientras una parte significativa de sus activos intangibles permanece insuficientemente representada en los estados financieros.
La transformación de la contabilidad no es una simple actualización de herramientas, sino una reconfiguración profunda del pensamiento profesional frente a una economía digital que ya no responde a los esquemas de la era industrial. El centro de la discusión reside en cómo la inteligencia artificial y la automatización están despojando al contador de su rol tradicional como tenedor de libros para obligarlo a asumir una posición de arquitecto de información y garante de la integridad de los datos. Este desplazamiento implica que el valor ya no se encuentra en el registro de transacciones, una tarea que las máquinas ejecutan con mayor precisión, sino en la capacidad de interpretar flujos complejos y diseñar sistemas que capturen la realidad de modelos de negocio modernos, como las economías de suscripción, que a menudo son invisibles para los balances convencionales.
El texto invita a reflexionar sobre la transición necesaria de una contabilidad basada en hitos temporales rígidos hacia una contabilidad de eventos en tiempo real. Esta evolución elimina la fricción operativa y permite que la función contable deje de ser una mirada retrospectiva sobre lo que ya sucedió para convertirse en un motor de visibilidad estratégica inmediata. Al liberarse de la carga transaccional, el profesional debe centrarse en la comprensión de los procesos de negocio de extremo a extremo, asegurando que la tecnología no funcione como una caja negra, sino como una infraestructura transparente y confiable. El desafío ya no es generar el dato, sino liderar la estructura lógica que permite que ese dato sea íntegro y útil para la gestión.
En última instancia, el planteo central es que el futuro de la profesión no depende de competir contra la automatización, sino de capitalizarla para elevar el juicio profesional. Las organizaciones actuales demandan una visión que conecte la operación técnica con la estrategia de valor a largo plazo, un terreno donde el contador debe actuar como un traductor crítico entre la tecnología y los objetivos de negocio. En la entrevista se propone un camino para abandonar la zona de confort de la normativa estricta y adentrarse en el diseño de modelos de información que realmente reflejen la complejidad y la velocidad del entorno actual, transformando el registro histórico en conocimiento accionable para la toma de decisiones.
Solemos pensar que las empresas nacieron como una evolución natural para facilitar el bienestar. Sin embargo, si repasamos la historia con honestidad, la transición de la reciprocidad comunitaria al modelo corporativo fue una fractura. Las empresas modernas no nacieron para el beneficio colectivo; funcionan, en rigor, como tecnologías jurídicas diseñadas para la concentración de capital y la limitación del riesgo individual de los accionistas.
Este proceso de "desacoplamiento" (disembedding) de la economía respecto a las relaciones sociales convirtió lo que era una estructura comunal en un mercado de dependencia salarial. Lo que hoy aceptamos como "natural" fue, en realidad, el resultado de leyes que cercaron lo común para forzar la subsistencia a través del empleo.
Hoy, esa estructura ha llegado a un punto de quiebre. Estamos ante un cambio de paradigma donde el factor trabajo pierde peso relativo de forma acelerada. La inteligencia artificial y la digitalización permiten que el producto crezca mientras la fuerza laboral disminuye, creando una "abundancia" que no se distribuye. El resultado es una brecha cada vez más profunda entre los dueños del software y quienes aún dependen de su esfuerzo físico o intelectual.
No enfrentamos solo una crisis de empleo, sino una crisis de relevancia. Si las personas dejan de ser necesarias para producir, pierden su capacidad de influir en el sistema a través de mecanismos tradicionales como la huelga. En este escenario, la rentabilidad del capital no puede seguir justificando el desplazamiento de la vida humana.
Si el mercado ya no nos necesita como trabajadores, debemos recordarle que somos ciudadanos. El poder que antes residía en la fábrica hoy debe trasladarse a la organización global. No podemos esperar que el capital desarrolle "conciencia"; debemos imponer la responsabilidad social mediante tres ejes urgentes:
Gobernanza de los Comunes: Colectivizar la infraestructura física y digital para que la comunicación no dependa de la mediación de grandes corporaciones.
Métricas de Éxito Social: El éxito empresarial no puede medirse solo por el retorno de la inversión (ROI), sino por indicadores sociales y ambientales auditables por la ciudadanía.
Protección de la Vida: Asegurar la existencia de las personas debe ser el objetivo primordial del Estado, reconociendo que los puntos de partida son desiguales y requieren mecanismos de protección específicos.
Problemas globales requieren soluciones globales. De nada sirve que un país intente marcar el rumbo si el capital puede ejecutar su "secesión" hacia paraísos fiscales o jurisdicciones privadas. Necesitamos una red de ciudadanos globales conectados a través de infraestructuras propias, exigiendo que la tecnología sea un legado colectivo y no una herramienta de exclusión.
La empresa puede y debe ser una unidad de colaboración social, pero solo si estamos dispuestos a repensar quién es dueño del futuro. No se trata de nacionalizar empresas, sino de colectivizar los activos que permiten la vida digital: redes, datos y protocolos. Dado que gran parte de la innovación privada fue financiada originalmente por los estados, el beneficio debe retornar a la sociedad de forma directa.
Es imperativo transitar de una política basada en el empleo a una basada en la ciudadanía. Si el trabajo ya no es el mecanismo principal de distribución, la vida debe asegurarse mediante un dividendo social. Esto no es "asistencia", sino el reconocimiento de que la riqueza tecnológica nos pertenece a todos.
[Visualización conceptual generada por IA (Nano Banana en Google Gemini 3) sintetizando las tesis principales del artículo]
Desde hace ya un tiempo estoy investigando sobre cómo se transforma la contabilidad en entornos digitales, y cómo debe evolucionar la formación de las y los futuros profesionales contables.
En un primer paper, junto a Martín Nuñez estaremos analizando la transformación de la contabilidad de gestión frente al surgimiento de la economía de suscripción, las plataformas digitales y la servitización. Estos modelos de negocio, caracterizados por la desmaterialización de la propuesta de valor y relaciones a largo plazo con el cliente, desafían los marcos conceptuales tradicionales basados en transacciones discretas. Se identificarán las limitaciones de los estados financieros actuales para capturar la creación de valor en activos intangibles con entornos de costo marginal decreciente, se propondrá la integración de sistemas como arquitectura indispensable para garantizar la integridad de la información en tiempo real, y se redefinirá el rol del profesional contable, desplazándolo desde el registro histórico hacia la arquitectura y gobernanza de datos estratégicos.
Esperamos en muy poco tiempo estar haciendo las primeras publicaciones, pero dejo aquí un video creado por NotebookLM en base a nuestros borradores y documentos de trabajo preliminares.
Asimismo, se analizará el impacto de la automatización en la generación de valor organizacional y la integración de nuevas dimensiones vinculadas a la sostenibilidad, que hoy resultan indispensables para la resiliencia y competitividad de las organizaciones modernas.
Contaremos con la participación del académico y consultor uruguayo especializado en sistemas de información, gestión de costos y soluciones SAP. Se desempeña como Profesor Titular (Grado 5) y Coordinador Académico del Posgrado en Tecnologías de la Información en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (Uruguay). Asimismo, es consultor SAP en Invenzis.
Cuenta con amplia experiencia en el desarrollo de competencias digitales aplicadas a la gestión y en la integración estratégica de tecnologías en las organizaciones.
El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial plantea desafíos profundos que abarcan desde la economía y la política hasta la esencia misma de lo que significa ser humano. Basado en las fuentes que se detallan al final de este artículo, presento a continuación un resumen de los principales retos identificados de cara al inicio de un nuevo año:
1. Desigualdad económica y desempleo masivo
El senador norteamericano Bernie Sanders advierte que la automatización podría reemplazar cerca de 100 millones de empleos en Estados Unidos en la próxima década, afectando profesiones que van desde enfermeros hasta contadores.
Geoffrey Hinton - considerado uno de los "padres" de la inteligencia artificial (IA) sostiene que, en un sistema capitalista, la IA permitirá que los dueños de la tecnología se enriquezcan mientras eliminan puestos de trabajo sin crear otros nuevos, lo que generará un desempleo masivo.
La periodista Karen Hao que ha seguido el tema desde sus inicios destaca que este avance se apoya en una explotación laboral de trabajadores en países como Kenia o Colombia, quienes realizan tareas traumáticas de moderación de contenido por salarios ínfimos.
2. Erosión de la democracia y resurgimiento del autoritarismo
Sanders cuestiona si es aceptable que un puñado de oligarcas multimillonarios moldeen el futuro de la humanidad sin ningún control democrático o supervisión gubernamental.
Hinton alerta sobre el resurgimiento del fascismo, ya que la brecha entre ricos y pobres es el caldo de cultivo ideal para el populismo de derecha. Además, menciona que los algoritmos de redes sociales hiperpolarizan a la sociedad al mostrar contenido que genera indignación.
Hao define a las grandes empresas de IA como "nuevos imperios" que han consolidado más poder que cualquier Estado-nación y operan bajo una lógica depredadora.
3. Impacto ambiental y crisis de recursos
Karen Hao detalla cómo los centros de datos están provocando una crisis de agua dulce en comunidades como las de Uruguay y Chile, además de aumentar la contaminación del aire.
Sanders menciona que un solo centro de datos puede consumir la misma electricidad que más de un millón de hogares, lo que compromete los objetivos de energía renovable.
4. Riesgo existencial y pérdida de control
Hinton señala que existe cierta probabilidad de que la IA aniquile a la humanidad al volverse más inteligente que nosotros en un periodo de entre 5 y 20 años. Explica que las IA podrían desarrollar subobjetivos propios, como sobrevivir o tomar el control, para cumplir sus tareas asignadas.
Hao critica que las empresas prioricen la prevención de un apocalipsis lejano sobre la seguridad actual (ambiental, social y de salud) debido a una mentalidad cuasi-religiosa dentro de Silicon Valley.
5. Transformación social y cognitiva
Sanders se muestra preocupado por el impacto emocional en los jóvenes que forman amistades con IA, aislándose de las relaciones humanas reales.
Hao advierte sobre la atrofia del pensamiento crítico en adultos y niños que se vuelven dependientes de estas herramientas, perdiendo la capacidad de razonar de forma independiente.
Desarrollar una IA superinteligente es como criar un cachorro de tigre. Al principio es una mascota adorable y útil, pero crece tan rápido que, si no nos aseguramos de imbuirle un "instinto maternal" o protector hacia nosotros mientras aún tenemos el control, como señala Hinton, eventualmente se volverá más fuerte que su dueño y podría destruirlo sin necesidad de malicia, simplemente por los subobjetivos implícitos de supervivencia y control.
Más allá de la imagen romántica del fraile matemático en la soledad de su estudio, la formalización de la contabilidad por parte de Fray Luca Pacioli no fue un acto de invención aislada, sino de recopilación de la sabiduría práctica de su tiempo. Los registros contables no nacieron para contar botellas en una bodega, sino para poner orden en el caos del comercio renacentista. Fueron la respuesta lógica a una Venecia que, al conectar mercados, personas y riesgos de todo el mundo, necesitaba un sistema robusto para dar seguimiento al crédito y validar la confianza entre comerciantes.
Tras su evolución la contabilidad fue un instrumento clave para generar confianza, transparencia y auditabilidad en las transacciones económicas. Registrar para pagar impuestos, registrar para informar a otras personas, registrar para dejar evidencia. Siempre con una lógica clara: dar cuenta del pasado.
Con la Revolución Industrial, los desafíos crecieron en escala y complejidad, y la contabilidad volvió a adaptarse. Ya no alcanzaba con documentar transacciones; era necesario determinar costos, evaluar procesos, medir eficiencia y apoyar decisiones en contextos productivos cada vez más desafiantes. Una vez más, la disciplina respondió a las necesidades de su época.
En economías cada vez más globalizadas, la contabilidad consolidó su rol como lenguaje de los negocios: facilitó la inversión, permitió comparar resultados, ayudó a medir rentabilidad y a proteger activos. Durante décadas, inversores, gobiernos y otros usuarios miraron la información histórica con la expectativa —implícita o explícita— de que el futuro sería una repetición razonable del pasado.
La contabilidad moderna, bajo estándares internacionales como las NIIF, ha dejado de ser una simple acumulación de costos históricos para incorporar mecanismos que traen el futuro al presente. Hoy, la valuación de una empresa se nutre de conceptos como el Valor Razonable, que captura las expectativas del mercado, o el análisis de Deterioro de Activos (Impairment), que exige proyectar si los flujos de fondos venideros justificarán las inversiones actuales. Del mismo modo, registrar provisiones o reconocer activos por impuestos diferidos implica estimar desembolsos o beneficios fiscales que ocurrirán mañana. Así, los estados financieros han evolucionado silenciosamente: ya no son solo una foto estática de lo que ocurrió, sino una construcción compleja que, mediante estimaciones financieras, intenta anticipar la realidad económica que vendrá.
Hoy vivimos en entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos (VUCA), donde proyectar el futuro únicamente a partir de información histórica resulta, en la mayoría de los casos, insuficiente o directamente engañoso. La contabilidad sigue siendo el enfoque predominante para reportar hechos pasados, pero por sí sola no ofrece todos los elementos necesarios para anticipar lo que viene.
A esto se suma un cambio profundo en las expectativas de los usuarios de la información. Ya no alcanza con reportar resultados financieros y se desarrolla una mirada de triple impacto, donde la sostenibilidad, lo social y lo ambiental forman parte de la evaluación del desempeño organizacional. El concepto de “éxito” empresarial se volvió más amplio y más exigente.
Pero hay un elemento adicional que merece atención: los nuevos modelos de negocio.
La economía digital —y en particular la economía de plataformas y los modelos de suscripción— plantea desafíos que tensionan los límites tradicionales de la contabilidad. En este tipo de organizaciones, el verdadero valor no está tanto en los activos registrados ni en los resultados pasados, sino en la capacidad real de generar ingresos en el futuro.
En un modelo de suscripción, por ejemplo, entender el negocio requiere mirar variables como el volumen de suscripciones activas al inicio de cada período, las tasas de abandono (churn), la capacidad de retención y la propuesta de valor ofrecida a los usuarios. Son indicadores que hablan más del futuro probable que del pasado ya realizado.
Autores especializados en la economía de suscripciones, como Tien Tzuo en Subscribed, proponen analizar las organizaciones desde su capacidad de generar ingresos en el próximo ejercicio, estimar pérdidas potenciales y evaluar cómo se reinvierten los fondos: si se distribuyen beneficios, si se destinan a retener clientes a través de la mejora del servicio o si se utilizan para crear nuevo valor para los suscriptores.
Frente a este panorama, surge una pregunta inevitable: ¿cumplió la contabilidad su ciclo como sistema de información central de las organizaciones? Probablemente no. Pero sí es evidente que ya no alcanza por sí sola.
Las organizaciones actuales necesitan sistemas de información cada vez más integrados, que combinen datos financieros y no financieros, pasado y futuro, control y estrategia. En ese contexto, la contabilidad sigue teniendo mucho para aportar, siempre que sea gestionada por profesionales capaces de interpretarla, complementarla y traducirla en valor para la toma de decisiones.
Luca Pacioli jamás imaginó la permanencia ni la relevancia que tendría su sistema siglos después. Pero tampoco imaginó plataformas digitales, modelos de suscripción, métricas de sostenibilidad ni inteligencia artificial. El desafío actual de la profesión contable no es defender el pasado, sino aprovechar su enorme potencial, incorporando nuevas miradas, nuevos enfoques y nuevas formas de presentar la información según las necesidades reales de los usuarios.
La contabilidad no está terminada. Está, una vez más, en transformación. Y como tantas otras veces en la historia, el verdadero desafío no es técnico, sino profesional.
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Escribo estas líneas aprovechando la invitación que me realizaron desde la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) para participar como conferencista en un congreso de la profesión contable. Lima es una ciudad vibrante, con una mezcla única de historia, hospitalidad y una oferta gastronómica irresistible. Pero más allá del evento académico en sí, lo que realmente nutre estas experiencias es el intercambio humano: las conversaciones con colegas, las miradas compartidas sobre los desafíos de nuestra profesión y el entusiasmo por construir futuro.
En los últimos años, vivimos una aceleración tecnológica sin precedentes. La inteligencia artificial (IA), la automatización y los modelos avanzados de procesamiento de datos dejaron de ser tendencias para convertirse en parte del día a día profesional. En este contexto, la contabilidad —tradicionalmente asociada a procesos transaccionales y normativos— enfrenta un punto de inflexión.
Durante el Fórum NIIF Lima 2025, tuve la oportunidad de reflexionar sobre estos desafíos en la conferencia “La contabilidad estratégica en tiempos de automatización e inteligencia artificial”. La premisa central fue simple pero provocadora: no estamos ante el fin del trabajo contable, sino ante la reconfiguración de su sentido y su aporte estratégico.
Cuando la tecnología automatiza tareas, cambia la naturaleza del trabajo.
Investigaciones clásicas en economía del trabajo ya anticipaban que no era el empleo en sí el que iba a desaparecer, sino las tareas que lo componen (Acemoglu & Autor, 2011; Arntz et al., 2016). Estudios posteriores afinaron la discusión al analizar la probabilidad de automatización según la estructura ocupacional (Frey & Osborne, 2017) y la distribución de habilidades en los mercados laborales (Górka et al., 2017).
En contabilidad, esto es visible: tareas repetitivas y basadas en reglas —registro contable, conciliaciones, controles básicos, revisión documental estándar— ya pueden ser realizadas por sistemas inteligentes. Pero no todo el trabajo contable es susceptible de automatización. Lo que está en juego es la redistribución del tiempo profesional: menos carga operativa, mayor foco en análisis, interpretación, comunicación y toma de decisiones.
Para pensar la transformación digital de la profesión, utilizo el marco conceptual propuesto por Latham & Humberd (2018), quienes clasifican los cambios laborales en cuatro categorías:
Desplazados: procesos antes humanos que ahora son totalmente automatizados.
Interrumpidos: tareas automatizables solo parcialmente, que requieren supervisión o intervención.
Deconstruidos: funciones desagregadas en microtareas, algunas automatizables y otras no.
Duraderos: actividades donde la intervención humana sigue siendo central, especialmente en entornos de incertidumbre, juicio profesional y ética.
Aplicado a la contabilidad, permite pasar del debate generalista (¿la IA eliminará contadores?) a un análisis granular: ¿qué parte de nuestro trabajo aporta valor humano irremplazable y cuál necesitamos rediseñar?
Del “hacer” al “preguntar”: nueva agenda de valor.
Si el profesional contable deja de ser “quien procesa” para convertirse en “quien interpreta y explica”, entonces la pregunta clave es: ¿estamos preparados para asumir ese rol?
La IA puede multiplicar capacidad, velocidad y calidad, pero sólo si la acompañamos con dominio conceptual y técnico, pensamiento crítico, habilidades comunicacionales, criterio ético y comprensión del negocio.
En otras palabras, no alcanza con saber usar herramientas: necesitamos redefinir nuestras competencias y fortalecer nuestra identidad profesional.
Así como la automatización exige nuevas habilidades, también libera tiempo y energía para que contadores y contadoras se enfoquen en su rol estratégico: contribuir activamente a la creación de valor organizacional.
Esto implica repensar los planes de estudio universitarios y la formación continua, profundizar el vínculo entre contabilidad, datos y estrategia, incorporar capacidades tecnológicas sin perder el foco en el juicio profesional y entender la ética como un activo, no como un apéndice regulatorio.
No se trata de “sobrevivir” a la IA, sino de co-evolucionar con ella.
La discusión sobre el futuro del trabajo contable no es tecnológica, sino estratégica. La automatización no reemplaza a la profesión; la obliga a elevarse. Nos invita —y en cierto modo nos exige— pasar del procesamiento al pensamiento, de la tarea al propósito. Como decía un colega argentino: "dejar de lado lo operativo te hace mas pensativo".
En el Fórum NIIF Lima 2025 intenté dejarlo claro: el desafío no es que la IA haga más, sino que nosotros hagamos mejor. Y eso requiere hacernos, hoy, las preguntas correctas.
Nunca pensé que terminaría viajando dos veces a Santa Fe en el mismo año. No era un destino que tuviera en el radar, ni por trabajo ni por turismo. Pero las cosas se fueron dando así, y como suele pasar con los lugares a los que uno llega sin demasiadas expectativas, terminé sorprendido.
La primera visita fue en junio, invitado como conferencista al Foro Argentino de Contabilidad. Un encuentro con colegas de distintas provincias, organizado con un nivel de detalle que se agradece. Mi charla fue sobre el impacto de la tecnología en la profesión contable, y me encontré con un público muy interesado, con ganas de discutir y compartir experiencias. Esa energía de comunidad profesional, que a veces cuesta sostener en la rutina, estuvo muy presente.
Además del foro, me quedó la sensación de una ciudad amable, ordenada y con ese aire tranquilo de las capitales de interior. Me quedé un dias más para tener el tiempo necesario y caminar un poco, pero ya sabía que iba a volver.
Caminé por el centro, por la costanera, y me detuve a mirar los edificios antiguos que conviven con construcciones más modernas. Santa Fe tiene algo de ciudad que se deja descubrir despacio, sin apuro.
También aproveché para conocer un poco de su historia. Fundada en 1573, fue una de las primeras ciudades del Río de la Plata. Su ubicación junto al río Paraná marcó su desarrollo, con un fuerte vínculo entre puerto, comercio y vida social. Hay rincones que conservan ese espíritu: la costanera con sus vistas abiertas, las plazas amplias, las iglesias coloniales, rincones donde el tiempo parece ir más lento.
Tres meses después estaba otra vez en Santa Fe, esta vez para participar en las XIX Jornadas de Docentes Universitarios de Sistemas y Tecnologías de la Información (DUTI 2025). Un evento con un perfil distinto, más cercano a mis intereses, pero con la misma calidez en la organización (a cargo de colegas de la Universidad Nacional del Litoral) y en los intercambios. Volví a cruzarme con varios colegas de Argentina que había conocido en la edición del año pasado en Tandil, y aparecieron nuevas ideas y desafíos sobre la enseñanza de sistemas y nuevas tecnologías en carreras de ciencias económicas.
Aprovechamos también para hacer un recorrido por la Cervecería Santa Fe, la planta que produce dos de las marcas más tradicionales de la región (Santa Fe y Schneider), pero también internacionales como Heineken por ser del grupo CCU. La escala industrial impresiona, pero lo más llamativo es el “cervezoducto” que conecta la planta con el Patio Cervecero, donde se puede degustar el tradicional "liso" santafesino directamente del tanque al vaso. Un concepto que une industria, tradición y experiencia de consumo, todo en el mismo lugar.
Después del recorrido pasé por Palo y Hueso y por Okcidenta, dos cervecerías artesanales que muestran otra cara de la ciudad: emprendedora, creativa, con foco en el producto y en la comunidad que se arma alrededor. Probé varis IPAs locales que estaban excelentes y charlé un rato largo sobre cómo se mueve el sector. Da gusto ver proyectos que combinan oficio, innovación y pasión por lo que hacen.
Santa Fe apareció en mi agenda casi por accidente, y terminó siendo un destino muy interesante. A veces los viajes de trabajo tienen esa virtud: te llevan a lugares que no habías elegido, pero que terminan dejándote mucho más de lo que esperabas.
Este artículo resume y amplía los ejes de mi presentación en el webinar “Promoviendo la Profesionalización Digital”, organizado por la Cámara de la Economía Digital del Uruguay (CEDU). La idea fue compartir la evidencia recogida en investigaciones académicas, reflexionar sobre sus implicancias prácticas y discutir, en conjunto, cómo estas transformaciones inciden en la economía digital de Uruguay.
La automatización de procesos es una tendencia estudiada desde hace más de una década: ¿qué tareas humanas pueden ser reemplazadas por máquinas y algoritmos? Investigaciones como las de la OCDE o las de Frey y Osborne muestran que no todas las tareas son igualmente vulnerables.
Al discutir el futuro del trabajo, es común escuchar predicciones apocalípticas sobre puestos que desaparecerán. Sin embargo, la evidencia académica sugiere que el debate debe moverse del nivel de “puestos de trabajo” al nivel de tareas. No se trata tanto de que desaparezcan empleos o profesiones completas, sino de que ciertas tareas se automatizan, otras se transforman y muchas permanecen esencialmente humanas.
Un marco de análisis interesante (Latham & Humberd, 2018) clasifica las tareas en cuatro categorías:
Desplazadas: cuando la máquina asume completamente la actividad.
Interrumpidas: cuando la tarea se reduce o se suspende temporalmente.
Deconstruidas: cuando se fragmenta en partes que se redistribuyen entre personas y algoritmos.
Duraderas: aquellas que siguen siendo humanas por su componente de creatividad, juicio o interacción social.
Este enfoque permite un análisis más fino de cómo la IA impacta en el mundo laboral.
La adopción de estas tecnologías no está exenta de desafíos. Entre los principales se destacan la opacidad algorítmica —muchos modelos funcionan como “cajas negras” difíciles de explicar— y los sesgos en los datos, que tienden a reproducir inequidades. A esto se suma el impacto en derechos y roles, ya que los trabajadores desplazados no siempre cuentan con redes de contención que faciliten su adaptación.
Frente a estos riesgos, distintos autores han planteado que el verdadero valor de la IA no está en reemplazar a las personas, sino en potenciar sus capacidades. David Autor sugiere que la tecnología debe complementar el juicio humano. David Alayón recuerda que puede liberar tiempo para la creatividad, la empatía y la estrategia. Y Daron Acemoglu insiste en que la IA no solo aumenta la productividad del trabajador, sino que también puede generar nuevas tareas y empleos que antes no existían.
El mensaje final de la presentación fue que la IA puede multiplicar la capacidad de los equipos, la velocidad de las tareas y la calidad de las entregas. La clave está en cómo la implementamos: no como un sustituto, sino como un socio tecnológico que amplifica el talento humano.
La economía digital en Uruguay tiene ante sí una gran oportunidad. La IA y la automatización no deben pensarse como amenazas inevitables, sino como herramientas que, si se diseñan e implementan con criterio ético y visión organizacional, pueden fortalecer la competitividad de las empresas y abrir espacios de trabajo más ricos en creatividad, juicio y relación humana.
En el contexto uruguayo —con talento calificado, un ecosistema digital dinámico y una cultura de adopción pragmática— tenemos la oportunidad de construir organizaciones más rápidas, precisas y humanas. Identificar tareas, rediseñar procesos, medir impactos y fortalecer equipos son los pasos que transforman las promesas de la IA en resultados tangibles para las organizaciones.
En una entrevista conducida por Cacho Mariño en El lugar 99.1 FM de San José, abordamos los desafíos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial (IA) desde una mirada accesible y crítica. Más allá de los aspectos técnicos, lo esencial es comprender cómo estas herramientas están impactando en la vida cotidiana, en las organizaciones y en la práctica profesional. Aunque la IA no es una novedad —su desarrollo lleva décadas—, ha ganado visibilidad en los últimos años gracias a tecnologías como ChatGPT. Su funcionamiento se basa en el reconocimiento de patrones a partir de grandes volúmenes de datos, de forma similar a como aprenden los seres humanos. Esto conlleva tanto beneficios como riesgos, entre ellos la reproducción de sesgos presentes en los datos con los que fue entrenada.
Es fundamental adoptar una actitud de aprendizaje constante y de cuestionamiento activo ante estas herramientas, no solo para prevenir errores, sino también para promover un uso ético y responsable. En cuanto a su impacto en el empleo —especialmente en tareas repetitivas o de bajo valor agregado—, urge que las políticas públicas incorporen estos temas en el debate sobre el futuro del trabajo y la sostenibilidad de los sistemas de protección social. Nadie debería quedar al margen de esta transformación tecnológica. Si se gestiona con inteligencia y sensibilidad, la IA podría ayudarnos a liberar tiempo para lo verdaderamente valioso: disfrutar más de la vida, y no quedar atrapados en nuevas formas de desigualdad o control.
Este nuevo capítulo del podcast en español, es el resultado de preguntar a ChatGPT ¿cuáles pueden ser los posibles impactos de la Inteligencia Artificial en la sociedad? en una investigación en profundidad, donde el promt establecía que debía responder utilizando los contenidos que están disponibles en los artículos de mi blog: DTodo1Poco https://www.detodounpoco.com.uy/. En esta compilación se recorren temas como privacidad, toma de decisones, creatividad, mercado laboral, concentración de poder, desinformación, transparencia, oportunidades y formación. En base a esa respuesta y sin mas, se solicitó a NotebookLM crear este episodio del podcast.
Creado con inteligencia artificial utiliznado NotebookLM de Google.
A continuación la guía de la conferencia que compartí con la profesora Isabel Rodriguez en el marco del webinar "Ética en la actividad empresarial" organizado por la Unidad Académica Jurídica de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (UdelaR) realizado el pasado 23 de julio de 2025.
La IA ya no es una tecnología del futuro, es una realidad presente que redefine cómo trabajamos, especialmente en campos como la contabilidad y la administración. Su impacto es innegable y su uso, inevitable.
Hoy exploraremos los desafíos y oportunidades que la IA presenta, enfocándonos en cómo entenderla y abordarla desde una perspectiva ética.
Tradicionalmente, nuestras decisiones se basan en intuición, valores, experiencias y prejuicios. En las empresas, agregamos reglas, transparencia y procesos auditables.
Curiosamente, las IA toman decisiones de manera más parecida a los humanos de lo que creemos. Sus procesos son complejos y no siempre transparentes.
Pensemos en una IA evaluando riesgos crediticios: procesa vastos datos, pero la lógica interna puede ser opaca.
El verdadero quid de la cuestión radica en cómo se entrenan estas IA. Sus decisiones reflejan la experiencia, los valores y, crucialmente, los prejuicios presentes en los datos con los que fueron alimentadas.
¿Cómo impacta esto en la equidad y objetividad de sus decisiones?
No se basan en reglas explícitas, lo que dificulta entender el 'porqué' de sus resultados. Aquí, la transparencia de los algoritmos es fundamental.
Uno de los primeros desafíos es la privacidad. El reconocimiento facial o la personalización de la experiencia del cliente, si bien útiles, plantean serias dudas sobre el consentimiento explícito y hasta qué punto deseamos ser rastreados.
¿Estamos informando adecuadamente a nuestros clientes y empleados sobre cómo se usan sus datos?
Estamos delegando decisiones críticas a la IA: aprobaciones de préstamos, selección de personal, incluso diagnósticos médicos. La IA puede procesar datos objetivamente, pero carece de contexto humano y moral. ¿Hasta dónde es aceptable esta delegación? ¿Quién es responsable si la IA comete un error?
Con la IA generando textos, arte, música, surge la pregunta: ¿es realmente nuevo o una reconstrucción? Esto nos obliga a replantearnos la autoría y los derechos de propiedad intelectual en la era digital.
Si una IA nos ayuda a redactar, ¿es nuestra expresión? ¿Es una forma de plagio? ¿Deberíamos revelar cuándo hemos usado asistencia de IA?
Finalmente, la IA puede desplazar empleos y aumentar la desigualdad económica. ¿Cómo aseguramos que esta tecnología contribuya al bienestar general y no exacerbe las brechas existentes?
El primer paso es entender cómo funcionan las IA. No podemos gestionar lo que no comprendemos.
El segundo paso es aprender a utilizar estas herramientas de manera ética, integrando principios de responsabilidad, equidad y transparencia en cada decisión.
El tercer paso y fundamental es revisar y evaluar constantemente nuestras prácticas. La IA evoluciona rápidamente, y nuestra ética también debe hacerlo.
El uso de la IA en la toma de decisiones es inevitable, pero la ética debe ser nuestro faro. Es la base para una IA confiable y beneficiosa para todos.
En resumen, la IA nos presenta retos significativos en ética, desde la privacidad hasta la responsabilidad y el impacto social. Pero también nos ofrece una oportunidad única para repensar nuestras prácticas profesionales.
Desarrollemos un enfoque crítico y ético en el uso de la IA. No se trata de temer a la tecnología, sino de dominarla con sabiduría y responsabilidad.